Carrlos Yescas
Poeta recién llegado
La sangre sedienta de recuerdos
invoca el nombre de Dios en su gigante figura,
en las bocas, en la arena donde el mar ya no existe,
en las manos infantiles.
Hallazgo secreto en noche seca,
ritual en la carne del sueño,
movimiento nuevo y temprano.
He aquí la mentira que buscas,
visión mía, naturaleza del ensueño.
He aquí la mentira más bella,
real-mente bella,
esencia infinita,
corona de laurel en la frente del ocaso.
La luz inoportuna aniquila las ideas
en el instante mismo de la creación,
enciende la furia de mis ojos,
arroja tus senderos al secreto lugar de mis restos.
La luz inoportuna destroza el dibujo perfecto de tus contornos
de tus vibraciones,
la nostalgia inmensa de tu sonrisa,
destroza mis años, mis colores favoritos.
Ya solo tengo una aneja melodía:
Todos los días te digo adiós, triste barca
y es que te recuerdo, en las olas.
Vete sin palabras, aunque seamos mudos,
vete sin mirar, aunque seamos ciegos,
vete sin sonreír, aunque seamos lágrimas,
vete sin vida, aunque estamos muertos.
¿Que habrá de ti?
Viento del norte alejando la nada,
triste barca triste
instante vacío
como tú, como nosotros
rastro imperfecto, inacabado.
Te pienso
y creo que hasta te veo, flotando...
y es que mi memoria
es como ese mar de García Lorca,
que siempre recuerda a sus ahogados.
Escrito por Carlos Yescas Alvarado el 14 de julio de 1874.
invoca el nombre de Dios en su gigante figura,
en las bocas, en la arena donde el mar ya no existe,
en las manos infantiles.
Hallazgo secreto en noche seca,
ritual en la carne del sueño,
movimiento nuevo y temprano.
He aquí la mentira que buscas,
visión mía, naturaleza del ensueño.
He aquí la mentira más bella,
real-mente bella,
esencia infinita,
corona de laurel en la frente del ocaso.
La luz inoportuna aniquila las ideas
en el instante mismo de la creación,
enciende la furia de mis ojos,
arroja tus senderos al secreto lugar de mis restos.
La luz inoportuna destroza el dibujo perfecto de tus contornos
de tus vibraciones,
la nostalgia inmensa de tu sonrisa,
destroza mis años, mis colores favoritos.
Ya solo tengo una aneja melodía:
Todos los días te digo adiós, triste barca
y es que te recuerdo, en las olas.
Vete sin palabras, aunque seamos mudos,
vete sin mirar, aunque seamos ciegos,
vete sin sonreír, aunque seamos lágrimas,
vete sin vida, aunque estamos muertos.
¿Que habrá de ti?
Viento del norte alejando la nada,
triste barca triste
instante vacío
como tú, como nosotros
rastro imperfecto, inacabado.
Te pienso
y creo que hasta te veo, flotando...
y es que mi memoria
es como ese mar de García Lorca,
que siempre recuerda a sus ahogados.
Escrito por Carlos Yescas Alvarado el 14 de julio de 1874.