puroamor
Poeta fiel al portal
Raudo voy cruzando el azul intenso
que demarca el cielo de la tierra.
Voy surcando el agua de los mares
que arranca la lujuria
con que el hombre yerra.
Voy en pos de lo perdido
para no hallarlo…
y llevo la ilusión a cuestas,
para no cansarme.
Tengo la memoria de tus pupilas,
fija en mi mirada evocadora,
que depredan sin tregua
los caóticos recuerdos
que cargo en mi mente.
Meditando
y salpicado en el silencio,
por lágrimas plateadas
de gris amargura,
comprendo cuán lejos estás de mi vida
y lo cerca que estoy de la muerte.
Ahora, triste y abandonado al vacío,
vistiendo el atuendo venenoso de tu olvido,
mi obra maestra, no tendrá principio ni fin,
pues faltas tú para darle sentido
y falto yo…, por estar deprimido.
Atractivamente poderosa
es la idea que navega por mi mente,
y que fuerza a las sirenas del alma
a surgir de las aguas
para darme el consuelo
que no pude encontrar,
desde que dejaron
de existir aquéllas cadenas
que me ataron a nada.
Al irte tan lejos, sin saber yo a dónde,
te imagino estando en cualquier sitio,
incluso, impregnando a mi espíritu
y al no haberte hallado
ni el confín de la Tierra
también hoy, yo debo marcharme…
pues la hora de mi fin... ha llegado.
Y si al recordar mi existencia
te arrepintieras de lo que has ocasionado…
nunca, nunca dejes de amarme,
porque junto a las estrellas…
¡habrás de encontrarme!
que demarca el cielo de la tierra.
Voy surcando el agua de los mares
que arranca la lujuria
con que el hombre yerra.
Voy en pos de lo perdido
para no hallarlo…
y llevo la ilusión a cuestas,
para no cansarme.
Tengo la memoria de tus pupilas,
fija en mi mirada evocadora,
que depredan sin tregua
los caóticos recuerdos
que cargo en mi mente.
Meditando
y salpicado en el silencio,
por lágrimas plateadas
de gris amargura,
comprendo cuán lejos estás de mi vida
y lo cerca que estoy de la muerte.
Ahora, triste y abandonado al vacío,
vistiendo el atuendo venenoso de tu olvido,
mi obra maestra, no tendrá principio ni fin,
pues faltas tú para darle sentido
y falto yo…, por estar deprimido.
Atractivamente poderosa
es la idea que navega por mi mente,
y que fuerza a las sirenas del alma
a surgir de las aguas
para darme el consuelo
que no pude encontrar,
desde que dejaron
de existir aquéllas cadenas
que me ataron a nada.
Al irte tan lejos, sin saber yo a dónde,
te imagino estando en cualquier sitio,
incluso, impregnando a mi espíritu
y al no haberte hallado
ni el confín de la Tierra
también hoy, yo debo marcharme…
pues la hora de mi fin... ha llegado.
Y si al recordar mi existencia
te arrepintieras de lo que has ocasionado…
nunca, nunca dejes de amarme,
porque junto a las estrellas…
¡habrás de encontrarme!
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