¿Crees que aún te recuerdo?
Te equivocas,
ya no recuerdo siquiera
el vestido azul de flores blancas
que llevabas la dulce tarde
en que, por primera vez, dijiste amarme.
Recuerdo, menos aún,
tus luminosos ojos almendrados
o tu cabello, cómplice de brisas.
Ya olvidé tu voz liviana,
enternecida por la complicidad de mis caricias
y acompañada de tu olor
de madrugadas infinitas.
He olvidado, especialmente, tus besos,
regados al azar, pero sin prisas,
íntimos de tanto quererme.
Esta tarde,
mirando la tele, sin mirarla,
me he convencido, sin ambagues,
de haberte olvidado para siempre.
Te equivocas,
ya no recuerdo siquiera
el vestido azul de flores blancas
que llevabas la dulce tarde
en que, por primera vez, dijiste amarme.
Recuerdo, menos aún,
tus luminosos ojos almendrados
o tu cabello, cómplice de brisas.
Ya olvidé tu voz liviana,
enternecida por la complicidad de mis caricias
y acompañada de tu olor
de madrugadas infinitas.
He olvidado, especialmente, tus besos,
regados al azar, pero sin prisas,
íntimos de tanto quererme.
Esta tarde,
mirando la tele, sin mirarla,
me he convencido, sin ambagues,
de haberte olvidado para siempre.