No se oye el susurrar de caracolas
ni el último suspiro del amor
en la tórrida tarde de verano.
Solo las duras palabras del mar
insisten, enganchadas en las olas,
en golpear mis pies con la nostalgia.
Sal de lágrimas me salpica los recuerdos
ahogándome despacio hasta el poniente.
Mi sombra corre triste por el agua
intentando alcanzar los besos últimos
para no sumergirme con el sol
en el borde infinito de tu ausencia.
Migurita
ni el último suspiro del amor
en la tórrida tarde de verano.
Solo las duras palabras del mar
insisten, enganchadas en las olas,
en golpear mis pies con la nostalgia.
Sal de lágrimas me salpica los recuerdos
ahogándome despacio hasta el poniente.
Mi sombra corre triste por el agua
intentando alcanzar los besos últimos
para no sumergirme con el sol
en el borde infinito de tu ausencia.
Migurita