BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Existen tercos matices
de luminosidad intangible
basculando efímeras en los
latidos ausentes de una información
inconcreta. Existen malformaciones
propietarios nubes balaustradas
impecables cuyo sentido desaparece
en mitad del aullido de la noche:
mentecatos ruidos reverentes vidrieras
cuyo estallido boreal impide
la ocupación masiva de las avenidas.
Labios cuyo signo marca un geográfico
intestino, metódicos sueños cuyo fantasma
masacran los viejos columpios.
Existen marcas zonas áreas sumergidas
existen territorios inhóspitos severos resurgimientos
compensaciones de daños indemnizaciones flamígeras.
Un estipendio que demarcan auxiliares de clínica.
Un viejo preboste de cara afeitada
una nación de harapientas fórmulas calcinadas
y un vetusto armario que compendia
las materias asesinadas en el laboratorio.
Cátedras e islotes convulsas, lascivos
sátiros, sádicas imprecaciones de sostenimientos
infalibles, vulnerados símbolos de sismógrafos
etéreos, cuya libertad exige el tributo
de los ombligos fatuos. Un
epílogo terminado, sobre la mesa dispuesto,
con terminaciones derivadas
hacia el pavimento un grito de áspero propósito.
Bordes deteriorados de humedades prometidas,
compromisos austeros de dientes perfumados,
solitarias muertes que exigen su fantasía legendaria,
vidas en la orilla que funcionan contenidos sus sistemas.
©
de luminosidad intangible
basculando efímeras en los
latidos ausentes de una información
inconcreta. Existen malformaciones
propietarios nubes balaustradas
impecables cuyo sentido desaparece
en mitad del aullido de la noche:
mentecatos ruidos reverentes vidrieras
cuyo estallido boreal impide
la ocupación masiva de las avenidas.
Labios cuyo signo marca un geográfico
intestino, metódicos sueños cuyo fantasma
masacran los viejos columpios.
Existen marcas zonas áreas sumergidas
existen territorios inhóspitos severos resurgimientos
compensaciones de daños indemnizaciones flamígeras.
Un estipendio que demarcan auxiliares de clínica.
Un viejo preboste de cara afeitada
una nación de harapientas fórmulas calcinadas
y un vetusto armario que compendia
las materias asesinadas en el laboratorio.
Cátedras e islotes convulsas, lascivos
sátiros, sádicas imprecaciones de sostenimientos
infalibles, vulnerados símbolos de sismógrafos
etéreos, cuya libertad exige el tributo
de los ombligos fatuos. Un
epílogo terminado, sobre la mesa dispuesto,
con terminaciones derivadas
hacia el pavimento un grito de áspero propósito.
Bordes deteriorados de humedades prometidas,
compromisos austeros de dientes perfumados,
solitarias muertes que exigen su fantasía legendaria,
vidas en la orilla que funcionan contenidos sus sistemas.
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