Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
I.
Fue fácil cazarlos: el miedo en el corazón
les latía por todo el cuerpo.
Por los agujeros de las balas se coló la noche,
se desbordaron de asfalto,
se hundieron en el abismo de las ventanas
rotas del cielo en llamaradas.
Lejos de allí la sangre coagula más rápido,
el aire más transparente barre mejor los gritos.
Y la vida —eso que la televisión o el cura
llama vida— sigue su rumbo.
Pasamos sobre las sombras de los desaparecidos
y sus ojos mal enterrados
se levantan con el polvo del desierto,
con la neblina de los bosques,
se nos enredan en los tobillos que no desisten
de su propia evasión claustrofóbica.
Algo en sus cuencas vacías persiste en ser mirada
y desde la oscuridad sin retorno nos acecha.
Algo sin boca. Algo sin rostro.
Algo sin nada más que lo perdido.
Juventud con un puñado de tierra en la garganta.
¿Qué piden si les rompieron la voz y las señas?
¿Tendré el suficiente miedo para ganar valor?
No habré de entrar al infierno
con la boca manchada de la sangre que pronuncio
y las manos limpias
como un premio a los chacales.
II.
Que el llanto venga y se lleve la llaga,
que me lave los huesos y me deje en sombra.
Quiero faltar a la codicia de mis paredes,
tañer sin sangre, sangrar sin ruido,
ocultarme de mi piel para atravesar
el círculo impenetrable de su piel diluida
en el agua espesa de sus gritos amotinados.
Disculpen la vergüenza de mis manos,
no están acostumbradas a no tocar:
nadie abre las puertas de humo
y las efigies de aire se rompen fácilmente.
¿Qué he de hacer con mis manos
sino renunciarlas para asumir sus rostros
comidos por el destierro
como lo que es irremplazable?
Perdón por hablarles como si me escucharan
ahora que no son sino la orilla de la onda que se pierde.
Pero viene el mar.
¿Qué he de hacer con mi lengua sino renunciarla
para hablar en plural?
No el lenguaje de los muertos
porque esa es la herencia patibularia del verdugo
que solo quiere el silencio y la obediencia.
Lo que tiene que decir la vida de ustedes,
los inextinguibles del fuego.
Eso diré. Eso diremos.
III.
Nos queda una palabra para taparnos el frío
pero la usamos para incendiar los muros.
Nos restan los pasos que nos despeñan
al interior de la sombra, los ojos
devorados por el tizne,
la mano disuelta en una seña retorcida
la lengua amarrada a un grito tan libre
que lleva de cauda nuestros intestinos.
Aquí el cielo es un vuelo negro sin pájaros,
hay esqueletos de ríos en las periferias,
árboles que huyen al fondo de sus pies,
flores que envidian a las piedras que no llueven.
Ellos se llevaron el amanecer,
desmantelaron el albergue de la esperanza.
Pero a nosotros nos queda el cemento
en la memoria y la arena en la mirada.
En algún lugar reconstruiremos los ojos,
pondremos nuestros dedos en la herida
que compartimos: cesará la sangre,
brotará una rama.
IV.
Porque me niegan la oportunidad de conocerte,
nos reconocemos.
Próximos en el tiempo que a tan pocos aproxima,
deseo la coincidencia paralela del espacio.
Sé que no pides pan, sino que te dejen sembrar
el trigo.
El hambre sabe que somos hermanos
y que nadie merece migajas.
Solo el Ogro logra ignorar la razón
y el estómago
porque está ahíto de la imbecilidad
del espejo que magnifica su insignificancia.
Porque soy el que sigue del cuarenta y tres,
pero como tú no tengo cifra:
valgo por los que me hacen valer brillo sin oro.
¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!
1. (Ese día)
Con el profundo tuétano del beso
en la hendidura,
circunnavegamos la boca
hasta que no se acabe,
hasta que ninguno salga,
hasta que el hambre reparta el pan
y el olvido sepa a labios
y nos toque vivir de ojos
con lo más pez del llanto
brillando sobre la arena.
(26 de septiembre de 2014)
2. (La furia)
Si solo me sirve para hacer
que me muerda las uñas
y rechinen mis dientes,
digan dónde he de tirar mi indignación
y ahí me desangraré.
Pero sepan que no estoy
dispuesto a ser charco sin antes ser
filo de piedra,
voz de salitre y escudo de
quien me escuda.
(7 de noviembre de 2014)
3. (Todos somos hijos de alguien)
Este pedazo de hueso calcinado,
esta muela desanclada de su boca
y de su voz
es tu hijo.
Lo que encontramos de tu hijo:
un gesto imposible,
un andar sin sonrisa por la muerte.
¡Ay de mí si lo olvido!
Fue fácil cazarlos: el miedo en el corazón
les latía por todo el cuerpo.
Por los agujeros de las balas se coló la noche,
se desbordaron de asfalto,
se hundieron en el abismo de las ventanas
rotas del cielo en llamaradas.
Lejos de allí la sangre coagula más rápido,
el aire más transparente barre mejor los gritos.
Y la vida —eso que la televisión o el cura
llama vida— sigue su rumbo.
Pasamos sobre las sombras de los desaparecidos
y sus ojos mal enterrados
se levantan con el polvo del desierto,
con la neblina de los bosques,
se nos enredan en los tobillos que no desisten
de su propia evasión claustrofóbica.
Algo en sus cuencas vacías persiste en ser mirada
y desde la oscuridad sin retorno nos acecha.
Algo sin boca. Algo sin rostro.
Algo sin nada más que lo perdido.
Juventud con un puñado de tierra en la garganta.
¿Qué piden si les rompieron la voz y las señas?
¿Tendré el suficiente miedo para ganar valor?
No habré de entrar al infierno
con la boca manchada de la sangre que pronuncio
y las manos limpias
como un premio a los chacales.
(10 de octubre de 2014)
II.
Que el llanto venga y se lleve la llaga,
que me lave los huesos y me deje en sombra.
Quiero faltar a la codicia de mis paredes,
tañer sin sangre, sangrar sin ruido,
ocultarme de mi piel para atravesar
el círculo impenetrable de su piel diluida
en el agua espesa de sus gritos amotinados.
Disculpen la vergüenza de mis manos,
no están acostumbradas a no tocar:
nadie abre las puertas de humo
y las efigies de aire se rompen fácilmente.
¿Qué he de hacer con mis manos
sino renunciarlas para asumir sus rostros
comidos por el destierro
como lo que es irremplazable?
Perdón por hablarles como si me escucharan
ahora que no son sino la orilla de la onda que se pierde.
Pero viene el mar.
¿Qué he de hacer con mi lengua sino renunciarla
para hablar en plural?
No el lenguaje de los muertos
porque esa es la herencia patibularia del verdugo
que solo quiere el silencio y la obediencia.
Lo que tiene que decir la vida de ustedes,
los inextinguibles del fuego.
Eso diré. Eso diremos.
(20 de noviembre de 2014)
III.
Nos queda una palabra para taparnos el frío
pero la usamos para incendiar los muros.
Nos restan los pasos que nos despeñan
al interior de la sombra, los ojos
devorados por el tizne,
la mano disuelta en una seña retorcida
la lengua amarrada a un grito tan libre
que lleva de cauda nuestros intestinos.
Aquí el cielo es un vuelo negro sin pájaros,
hay esqueletos de ríos en las periferias,
árboles que huyen al fondo de sus pies,
flores que envidian a las piedras que no llueven.
Ellos se llevaron el amanecer,
desmantelaron el albergue de la esperanza.
Pero a nosotros nos queda el cemento
en la memoria y la arena en la mirada.
En algún lugar reconstruiremos los ojos,
pondremos nuestros dedos en la herida
que compartimos: cesará la sangre,
brotará una rama.
(10 de diciembre de 2014)
IV.
Porque me niegan la oportunidad de conocerte,
nos reconocemos.
Próximos en el tiempo que a tan pocos aproxima,
deseo la coincidencia paralela del espacio.
Sé que no pides pan, sino que te dejen sembrar
el trigo.
El hambre sabe que somos hermanos
y que nadie merece migajas.
Solo el Ogro logra ignorar la razón
y el estómago
porque está ahíto de la imbecilidad
del espejo que magnifica su insignificancia.
Porque soy el que sigue del cuarenta y tres,
pero como tú no tengo cifra:
valgo por los que me hacen valer brillo sin oro.
¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!
(26 de septiembre de 2015)
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Con el profundo tuétano del beso
en la hendidura,
circunnavegamos la boca
hasta que no se acabe,
hasta que ninguno salga,
hasta que el hambre reparta el pan
y el olvido sepa a labios
y nos toque vivir de ojos
con lo más pez del llanto
brillando sobre la arena.
(26 de septiembre de 2014)
2. (La furia)
Si solo me sirve para hacer
que me muerda las uñas
y rechinen mis dientes,
digan dónde he de tirar mi indignación
y ahí me desangraré.
Pero sepan que no estoy
dispuesto a ser charco sin antes ser
filo de piedra,
voz de salitre y escudo de
quien me escuda.
(7 de noviembre de 2014)
3. (Todos somos hijos de alguien)
Este pedazo de hueso calcinado,
esta muela desanclada de su boca
y de su voz
es tu hijo.
Lo que encontramos de tu hijo:
un gesto imposible,
un andar sin sonrisa por la muerte.
¡Ay de mí si lo olvido!
(7 de diciembre de 2014)
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