Syd Carlyle
Poeta recién llegado
Quiero,
como el más imposible entre imposibles,
que alguien me vea.
Quiero, que, por la calle,
alguien, cualquiera, me detenga,
y charlemos un rato cruzados del brazo.
¿Por qué ha de ser esto tan difícil?
¿Por qué tanto hermetismo entre hermanos?
¿Por qué ha de sonar incluso ridículo?
¡Charlemos un rato cruzados del brazo!
¡Ah! ¡Ridículo! ¡Ridículo! ¡Ridiculísimo!
Quiero ser puro por las calles.
Quiero besar a la chica que me ha mirado,
y compartir con ella todo el universo en un momento,
comer con aquella anciana, contemplando la vida con paz,
caminar con el pobre ciego de la plaza que pide monedas,
ayudar al cartero a repartir sus cartas, y sonreír, sonreír
ante los cientos de nombres y de familias que hay en su cartera.
Quiero darle los buenos días al dueño del estanco,
charlar de las ciruelas ámbares con la frutera sin dientes,
aprender infinitamente con los niños que salen de la escuela,
(Y dicen que son a ellos a los que se les enseña...),
tirarme a la hierba, al sol, al centro de la vida...
Quiero todo esto, y más, pero ante mi imposibilidad,
ante mi distancia, prosigo mi paso frío y apresurado.
Camino entre desconocidos...
¡Desconocidos!
¡Pero si yo los conozco a todos!
Hablamos de que somos desconocidos,
pero en realidad nos conocemos muy bien.
No hace falta hablarse para comprender.
No me preocupan los nombres, ni los rostros,
ni si la gente tiene problemas, penas, o miedos,
responsabilidades, prisas, compromisos, complejos,
no me importa nada de esto...es solo que no quiero estar solo.
Camino, y llego a mi casa, cálidamente iluminada,
y, dentro, mi familia espera...
Quieren saber quién soy yo.
(¿Algún día quebrará la barrera?)
Solo quiero que alguien me vea...
como el más imposible entre imposibles,
que alguien me vea.
Quiero, que, por la calle,
alguien, cualquiera, me detenga,
y charlemos un rato cruzados del brazo.
¿Por qué ha de ser esto tan difícil?
¿Por qué tanto hermetismo entre hermanos?
¿Por qué ha de sonar incluso ridículo?
¡Charlemos un rato cruzados del brazo!
¡Ah! ¡Ridículo! ¡Ridículo! ¡Ridiculísimo!
Quiero ser puro por las calles.
Quiero besar a la chica que me ha mirado,
y compartir con ella todo el universo en un momento,
comer con aquella anciana, contemplando la vida con paz,
caminar con el pobre ciego de la plaza que pide monedas,
ayudar al cartero a repartir sus cartas, y sonreír, sonreír
ante los cientos de nombres y de familias que hay en su cartera.
Quiero darle los buenos días al dueño del estanco,
charlar de las ciruelas ámbares con la frutera sin dientes,
aprender infinitamente con los niños que salen de la escuela,
(Y dicen que son a ellos a los que se les enseña...),
tirarme a la hierba, al sol, al centro de la vida...
Quiero todo esto, y más, pero ante mi imposibilidad,
ante mi distancia, prosigo mi paso frío y apresurado.
Camino entre desconocidos...
¡Desconocidos!
¡Pero si yo los conozco a todos!
Hablamos de que somos desconocidos,
pero en realidad nos conocemos muy bien.
No hace falta hablarse para comprender.
No me preocupan los nombres, ni los rostros,
ni si la gente tiene problemas, penas, o miedos,
responsabilidades, prisas, compromisos, complejos,
no me importa nada de esto...es solo que no quiero estar solo.
Camino, y llego a mi casa, cálidamente iluminada,
y, dentro, mi familia espera...
Quieren saber quién soy yo.
(¿Algún día quebrará la barrera?)
Solo quiero que alguien me vea...