MAO DIAZ
Poeta recién llegado
De entre tus labios,
derrama el placer del perfume,
veneno amargo y dulce.
De entre tus besos
siete lenguas de fuego,
sediento me quedo.
En tus pupilas, en discreto,
el sabor del placer eterno.
Quiero perderme en tus huesos,
quiero sentirme perpetuo
entre ellos,
preso de tu alma,
de lo incierto.
Tus garras me desvelan,
ansias de placer,
el infierno es el cielo
entre tus piernas,
mil diablos me
atan de pies y manos,
y me muerdes con ansia,
me desgarran por dentro,
la bestia en su camino,
yo en el mío,
el infierno me tiene preso,
tu boca de fresa,
cuantas promesas.
En el recreo de tus caderas,
en la parte alta de la montaña,
en el devenir,
y subvenir de las antartidas.
Desde el vértigo a las alturas,
hasta el ahogo del mar profundo,
no me hundo,
me quedo aquí, infierno,
lejos de ti cielo,
entre el fuego de mi diablo
y no me revelo
me quedo contigo,
me quedo tranquilo,
y me relajo y duermo
¡Silencio!
derrama el placer del perfume,
veneno amargo y dulce.
De entre tus besos
siete lenguas de fuego,
sediento me quedo.
En tus pupilas, en discreto,
el sabor del placer eterno.
Quiero perderme en tus huesos,
quiero sentirme perpetuo
entre ellos,
preso de tu alma,
de lo incierto.
Tus garras me desvelan,
ansias de placer,
el infierno es el cielo
entre tus piernas,
mil diablos me
atan de pies y manos,
y me muerdes con ansia,
me desgarran por dentro,
la bestia en su camino,
yo en el mío,
el infierno me tiene preso,
tu boca de fresa,
cuantas promesas.
En el recreo de tus caderas,
en la parte alta de la montaña,
en el devenir,
y subvenir de las antartidas.
Desde el vértigo a las alturas,
hasta el ahogo del mar profundo,
no me hundo,
me quedo aquí, infierno,
lejos de ti cielo,
entre el fuego de mi diablo
y no me revelo
me quedo contigo,
me quedo tranquilo,
y me relajo y duermo
¡Silencio!