BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me siento consolado
por mi propia indigencia.
Ríos de saliva proveen
a mi manantial de bromuro.
Lunas en desacato vacían
los testigos de un superior
crimen.
Lenguas desacertadas manifiestan
su alternado iris ventricular.
Columnas en pedestal sueñan
fórmulas de convicciones mutuas.
En los desérticos planos adolescentes
la erección de un dolmen oculta
el postigo de ambivalente mirada.
Proyecciones en miniatura danzan
con sus secuaces como sombras dispares.
En la realeza de los omóplatos
y en los olvidos momentáneos,
algo fluye incongruente.
Los números, las pizarras,
de azul rectilíneo, bromean
ante su aparador lleno de serpientes.
Lascivos auguradores protestan
su indiferente voz interior.
Las persianas permanecen cerradas,
ante las escuetas calles ilimitadas.
Los sombrereros, las ocultas declamaciones,
el amor de los marineros, alas y viento,
sombra y cuajo de leche ulterior.
Las sombras que se evaden,
las huellas en aéreas zonas,
vuelan irreverentes fabricando
sutiles amenazas.
Los labios arrestados, por el triunfo
de la nación, buscan asediados
el muro y sus grietas desabastecidas.
Las pintadas en desorden, los lecheros,
las avenidas conculcadas, dormitan su aspecto
fiero de nevadas crepusculares, esos pájaros.
Los desobedientes, las maricas emergentes,
los proxenetas insistentes, y las manos agrietadas,
buscan la proximidad del desamparo recíproco.
Los parques con su inaudito crujido
procuran luz de sangre en los vómitos
ajenos.
Un periódico recicla el fuego
que hará subir la mañana sin noticias.©
por mi propia indigencia.
Ríos de saliva proveen
a mi manantial de bromuro.
Lunas en desacato vacían
los testigos de un superior
crimen.
Lenguas desacertadas manifiestan
su alternado iris ventricular.
Columnas en pedestal sueñan
fórmulas de convicciones mutuas.
En los desérticos planos adolescentes
la erección de un dolmen oculta
el postigo de ambivalente mirada.
Proyecciones en miniatura danzan
con sus secuaces como sombras dispares.
En la realeza de los omóplatos
y en los olvidos momentáneos,
algo fluye incongruente.
Los números, las pizarras,
de azul rectilíneo, bromean
ante su aparador lleno de serpientes.
Lascivos auguradores protestan
su indiferente voz interior.
Las persianas permanecen cerradas,
ante las escuetas calles ilimitadas.
Los sombrereros, las ocultas declamaciones,
el amor de los marineros, alas y viento,
sombra y cuajo de leche ulterior.
Las sombras que se evaden,
las huellas en aéreas zonas,
vuelan irreverentes fabricando
sutiles amenazas.
Los labios arrestados, por el triunfo
de la nación, buscan asediados
el muro y sus grietas desabastecidas.
Las pintadas en desorden, los lecheros,
las avenidas conculcadas, dormitan su aspecto
fiero de nevadas crepusculares, esos pájaros.
Los desobedientes, las maricas emergentes,
los proxenetas insistentes, y las manos agrietadas,
buscan la proximidad del desamparo recíproco.
Los parques con su inaudito crujido
procuran luz de sangre en los vómitos
ajenos.
Un periódico recicla el fuego
que hará subir la mañana sin noticias.©