***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
Desde el infierno.
Doce noches en el infierno he pasado
rogando por tu alma en el eterno rincón,
donde las almas en pena se han quedado
a vagar con sigilo y sin una misión.
Las palabras aquí rebotan en ecos fingidos,
son el hábitat y el destino del rencor,
son la lectura de cartas y los haces divididos;
aquí las palabras no valen más que dolor.
Por eso mis palabras van hacia ti irremediables;
dirijo cada grito, cada lamento; cada llanto.
Por eso, mi alma se lava tus besos indeseables;
por eso te llamo cada noche sin un descanso.
¿Muerte, es esto acaso la muerte de la que hablan?
¿Es este acaso el castigo, tormento; penitencia?
Infierno, gritando tu nombre es un paraíso si sanan
todas las heridas que tu abriste con cada impía caricia.
Muerte, esto no duele, no debe ser la muerte.
Te veo cada día y cada noche jugando a vivir
intranquilo pues tu mente no deja de saberte
culpable de mi muerte y me quieres maldecir.
Valla arrogancia asesino de la dulce mirada,
valla vehemencia; pido un aplauso solo para ti,
pido que un hurra del mudo, un beso de la viuda;
pido para ti un aplauso del cadáver de mí.
Valla mirada que tienes ante ese tu amado espejo,
¿No te da gusto saber que yo a ti he vuelto?
Pues ese espejo te regresa mi inerte reflejo,
gritando tu nombre, visitándote desde mi infierno.
Doce noches en el infierno he pasado
rogando por tu alma en el eterno rincón,
donde las almas en pena se han quedado
a vagar con sigilo y sin una misión.
Las palabras aquí rebotan en ecos fingidos,
son el hábitat y el destino del rencor,
son la lectura de cartas y los haces divididos;
aquí las palabras no valen más que dolor.
Por eso mis palabras van hacia ti irremediables;
dirijo cada grito, cada lamento; cada llanto.
Por eso, mi alma se lava tus besos indeseables;
por eso te llamo cada noche sin un descanso.
¿Muerte, es esto acaso la muerte de la que hablan?
¿Es este acaso el castigo, tormento; penitencia?
Infierno, gritando tu nombre es un paraíso si sanan
todas las heridas que tu abriste con cada impía caricia.
Muerte, esto no duele, no debe ser la muerte.
Te veo cada día y cada noche jugando a vivir
intranquilo pues tu mente no deja de saberte
culpable de mi muerte y me quieres maldecir.
Valla arrogancia asesino de la dulce mirada,
valla vehemencia; pido un aplauso solo para ti,
pido que un hurra del mudo, un beso de la viuda;
pido para ti un aplauso del cadáver de mí.
Valla mirada que tienes ante ese tu amado espejo,
¿No te da gusto saber que yo a ti he vuelto?
Pues ese espejo te regresa mi inerte reflejo,
gritando tu nombre, visitándote desde mi infierno.