wilson yupanqui
Poeta asiduo al portal
Desde que no estás.
Pausado, bebiendo a sorbos una copa de vino
brindo un trago con tu ausencia,
tu retrato en la mano, el pensamiento, la mirada
símbolos inequívocos de mi desgracia;
sin sentir como cae la noche, llega de a pocos el alba.
Cada día, desde que nace el sol
tu recuerdo imperecedero me acompaña,
me viste de luto, opaca mis mañanas
como un invierno sin fín y que no da tregua.
Tú vestida de blanco sonriente y bella
aquella tarde lejana de Septiembre
camino al altar donde yo te esperaba,
entre ramos de flores que adornaban la iglesia
gris y vacía desde que ya no estás.
Un sentimiento que no se resigna a perderte
pregunta al corazón tristeando ayeres,
por las cosas que dejamos envejeciendo en el pasado
y que el tiempo, asesino de alegrías, me obliga a callar.
Cómplice de mi dolor la soledad,
despierta conmigo, se sienta a mi mesa,
desayuna un te quiero con un vaso de lágrimas
y sin un adiós me despide sonriendo
con un beso fingido, abstracto, artificial
y salgo a la calle y me enfrento a la vida
otra vez inmensamente solo, desde que tú no estás.
Pausado, bebiendo a sorbos una copa de vino
brindo un trago con tu ausencia,
tu retrato en la mano, el pensamiento, la mirada
símbolos inequívocos de mi desgracia;
sin sentir como cae la noche, llega de a pocos el alba.
Cada día, desde que nace el sol
tu recuerdo imperecedero me acompaña,
me viste de luto, opaca mis mañanas
como un invierno sin fín y que no da tregua.
Tú vestida de blanco sonriente y bella
aquella tarde lejana de Septiembre
camino al altar donde yo te esperaba,
entre ramos de flores que adornaban la iglesia
gris y vacía desde que ya no estás.
Un sentimiento que no se resigna a perderte
pregunta al corazón tristeando ayeres,
por las cosas que dejamos envejeciendo en el pasado
y que el tiempo, asesino de alegrías, me obliga a callar.
Cómplice de mi dolor la soledad,
despierta conmigo, se sienta a mi mesa,
desayuna un te quiero con un vaso de lágrimas
y sin un adiós me despide sonriendo
con un beso fingido, abstracto, artificial
y salgo a la calle y me enfrento a la vida
otra vez inmensamente solo, desde que tú no estás.
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