Valeria María
Poeta recién llegado
Ante los reveses de la vida,
en el último tramo que me ha tocado en suerte;
cada día me propongo echarme a volar sin red,
ver desde arriba y a vista de pájaro
el lado menos malo.
Hay veces que es imposible distinguirlo de tan heterogéneo,
de tan arbitrariamente mezclado.
De tal magnitud es la confusión que contemplo
que, a mi juicio,
roza peligrosamente el esperpento.
Ya me ponga en jarras y mire fija,
hipnóticamente el nubarrón negro que me amenaza;
como si pretendiera diluirlo y aniquilarlo,
ya saque mi lado más salvaje
dedicándole una sarta de lindezas e improperios, nada.
Frente a las fuerzas libres e irreverentes,
hijas de las siete Pléyades;
guardianas enigmáticas del Cosmos,
cualquier cosa que haga, es inútil.
No obstante, en algún recoveco del inconsciente,
temeraria de mí,
dejo una ventana abierta para que en descuido simulado,
entren en tropel sus fantasmas y esqueletos.
A su macabro jolgorio me uno luego,
en su umbría humedad me sumerjo.
Consentidora, los ojos cerrados y la cabeza baja,
en un tornado vertiginoso me envuelven
y a su mortífera persuasión sucumbo.
En el infravalorado planeta Tierra ya no existo,
esas hordas siniestras me arrastran en volandas
y a sus dominios me llevan.
¿Es tan apremiante la esperanza de encontrarme con quien perdí,
que irresponsable he de renunciar a los que dejo aquí?
Valeria María
C C L
-mdac-
en el último tramo que me ha tocado en suerte;
cada día me propongo echarme a volar sin red,
ver desde arriba y a vista de pájaro
el lado menos malo.
Hay veces que es imposible distinguirlo de tan heterogéneo,
de tan arbitrariamente mezclado.
De tal magnitud es la confusión que contemplo
que, a mi juicio,
roza peligrosamente el esperpento.
Ya me ponga en jarras y mire fija,
hipnóticamente el nubarrón negro que me amenaza;
como si pretendiera diluirlo y aniquilarlo,
ya saque mi lado más salvaje
dedicándole una sarta de lindezas e improperios, nada.
Frente a las fuerzas libres e irreverentes,
hijas de las siete Pléyades;
guardianas enigmáticas del Cosmos,
cualquier cosa que haga, es inútil.
No obstante, en algún recoveco del inconsciente,
temeraria de mí,
dejo una ventana abierta para que en descuido simulado,
entren en tropel sus fantasmas y esqueletos.
A su macabro jolgorio me uno luego,
en su umbría humedad me sumerjo.
Consentidora, los ojos cerrados y la cabeza baja,
en un tornado vertiginoso me envuelven
y a su mortífera persuasión sucumbo.
En el infravalorado planeta Tierra ya no existo,
esas hordas siniestras me arrastran en volandas
y a sus dominios me llevan.
¿Es tan apremiante la esperanza de encontrarme con quien perdí,
que irresponsable he de renunciar a los que dejo aquí?
Valeria María
C C L
-mdac-