Mercedes
Poeta adicto al portal
Desenlace de una pasión
Sé que mi ausencia te roba la sonrisa,
sé que mis labios te saben a hielo,
sé que mi cuerpo te olvida en desprecios.
Lo sé, porque lo siento.
No, no sientes mis noches tensas,
la desazón de mis labios sin tus besos,
esa realidad que llevo cargada,
ni los ecos de mis tormentos
que me arropan en madrugadas.
Sigo bordando las espinas de tus flores,
a los pliegues de mi cama y
al corazón que contempla mi desdicha.
No, sé que mi sufrir ni te susurra…
El aura de la tarde se eleva en mi frente;
la soledad asciende cual esfera lunática.
Tú te deslizas de mis brazos,
como el aire entre las montañas.
Mientras que el Sol de las mañanas
huye de su brillo y me canta acongojado
por mis ruegos y suplicios,
encadenados al reflejo del recuerdo
que llora por tu indiferencia.
Soy un débil cristal que se quiebra
al compás de tu ausencia.
Dime amor. ¿Por qué me haces esto?
No alargues más mi pena.
Qué porque hago esto,
ni yo mismo lo sé.
Sólo sé que el amor ha danzado con el viento
y se aleja inmutable de nuestra casa.
La noche gime sus campanadas de desgracia;
no hables de ese modo, que sangra mi alma.
Mi corazón se quiebra entre mi pecho,
como un vacío arterial del cielo.
Pero cómo soslayar tu fragancia,
mi embriaguez acostumbrada,
que se difunde con actitud de nostalgia,
en la inmensidad de mis días,
en las noches sombrías,
decorando llagas de estacas infinitas,
entre los versos desérticos que flaquean
ante la señal de un final,
inoportuno infierno.
El tiempo, amiga, el tiempo.
Camarada oxidado del hombre
y al fin, su mejor amigo.
Nada se puede hacer
ante el designio del destino.
¡Ah! ¡Qué triste noche!
¡Qué amargas las gotas de amor perdido!
Pero que se le va hacer,
lo mejor será marcharme.
Y te alejas convencido de que mi piel
resplandecerá entre las sombras de mi lecho,
penumbras que vas colgando fríamente
con tu amor difunto.
Pero no morirán aquellas rosas que plantamos
juntos, en la ventura del arrullo
de nuestros cuerpos maduros.
Te dejo un adiós y mi tristeza.
Te invito a embriagarnos en sufrimiento,
porque nada más nos queda.
Adiós, mujer, adiós.
Me dejas el umbral al imperio de desvelos.
En cada primavera pálida que añorará
nuestros besos tiernos.
Adiós, amor, adiós.
A la ribera mi rayo de ilusión.
Estrofas en color SlateGray: Mercedes
Estrofas en color DarkSlateBlue: Jcmch