En la fronda de pupilas añejas un viejo lobo de mar fuma la humeante pipa de la paz,mientras el sonajero de Diana cae estridente al suelo abierto en escarcha.Las luces de San Telmo no se apagan en esta noche de laberíntico Ser.Y es así cómo los pájaros sin plumas caen fulminados por el grito locuaz de la boca sedienta del tiempo.¡Oh!que grave tragedia para el equilibrio ecológico de la aberrante Naturaleza.Unos niños,sin ojos ni cabellera,pavoneándose de sus calvas relucientes por la noche sin luna,desangran a un viejo cervatillo;para comer cruda la carne con sus bocas famélicas de pestilente aroma a ajenjo.Y mientras,en la lejana serranía,se escucha el ulular infernal de una maldición inmisericorde que dictaminará el paso de los siglos.Cuando ya la galaxia se resquebraje en miles de putrefactos fragmentos.