Desierto de Ilusiones

sofiarm

Poeta recién llegado
I
La madrugada de un sábado
una pequeña niña escuchó
los sollozos que provenían
de alguna habitación.
Frotando sus ojillos
de su cama se levantó y
al cuarto contiguo se dirigió.
Vacío lo encontró.
Parecían las escondidas
el juego que imaginó,
sigilosamente
se internó.
Finalmente,
en la esquina
de esa misma habitación,
oculta
tras una gran cama,
a una mujer divisó.

Te acercaste niña,
y mirando con compasión
preguntaste a tu madre,


quien por lágrimas cegada estaba,
la razón de su llanto.
-Hija mía- te contestó,
-Lloro de dolor-.

Arrimando tus manitos de infante
acariciaste la seda
del pijama de tu madre.
-Mamita, por favor dime, ¿quién te lastimó?-
Esa angustiada mujer
te respondió:
-Me ha herido el amor-.

II
Dormías como siempre niña,
cuando gritos a tus oídos
tuvieron que llegar.
Sin entender qué sucedía
una carrera emprendiste
hacia la puerta frontal.
Abrazaste a tu padre,
quien discutía con tu madre.
-Mira lo que haces,
baja ese cuchillo,
la haces llorar-
replicaba el hombre, con total serenidad.
La mujer desesperada
había agarrado un utensilio,
y destrozado
con prepotencia
la motocicleta de su marido…
La niña lo tuvo que presenciar.

III
Tenías 4 añitos
cuando te sentaron al borde lateral
de aquella cama
donde a tu madre viste llorar.
Tus piernecillas colgando
por la falta de estatura adulta,
tu padre acuclillado
frente a ti criatura.
Él se animó a hablar:
-Querida hija,
el papá tiene que viajar a otro lugar,
está muy lejos,
y por un tiempo no me verás-.

Sutilmente te fue explicada
la noticia más impresionante:
Tus padres se alejarían,
jamás juntos los verías.
En ese momento comprendiste
la sensación de soledad.

IV
Y así niña,
toda tu vida se dividió.
Catorce años viajando,
pues a tus padres divorciados,
y en distintos países
los encontraste.

V
Ahora eres mujer,
y crees que muy pocas personas
te pueden entender,
pues tu madurez
no es sensata para tu edad.
Aunque, de vez en cuando,
vestigios de tu inocencia,
quienes te rodean
pueden presenciar.

Pero nadie sabe
que por las noches,
te internas en tu pensar.
Lloras por tu infancia perdida,
por haber renunciado
a las muñecas
para vivir con melancolía.

Constantemente te preguntas
a ti misma
dónde dejaste esa niña
con sus fantasías,
y si algún día la recuperarás…

E imaginas ese desierto,
donde te sueles aislar;
grato consuelo
encuentras al refugiarte
en aquel yermo lugar.
Pues allí,
solo tú sabes llegar.
Y aquellas, tus ilusiones,
nadie,
nunca,
Te las arrebatará.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba