Mi imagen tiembla,
como la tuya en el desierto.
Me desintegro en el amor que por ti tengo,
cuando falso percibo en mi vida el oasis.
De mis esperanzas,
pies se queman
y chamuscados por el futuro caminan perdidos,
cayéndose a su paso, estrellas que mis manos colgaron
hiriéndose mis ojos,
cuando en el centro del sol tardíamente respuesta busco.
Ya nada queda,
más que el frío de la soledad que se avecina,
como arenosa noche de dioses despejada,
alejándose en silencio reprendida la pasión
y también tu nombre
de mi rebelde corazón, retumbando en las dunas de mi voz.
Y ya me siento vagabundo en el vacío
como grano de arena sin rumbo volando
porque a partir de hoy, desierto soy.