Desierto... cuanta razón tenías
desterrando calor
de las huellas de mi destino.
Por ese vacío, viudo de esperanzas
que con descaro
en una línea disuelta en gris se exhibía
me obligaba a morir en arena
siendo estampida de mar
cuando mi sol se negaba a dormir.
Cuanta razón...
tus reflejos dorados al oeste excitaban
despintando de mis sombras
al árbol de los sueños.
Un paso di así... y fueron miles de pasos perdidos
hasta que pude convertirme
en el tronco plateado de un álamo
asomando incrédulo con sus ramas extendidas
pidiéndole al cielo por la soledad de tu infierno.
Sol y piel, desvanecían la vida, los colores
más allá, grises.
Conseguí que al fin
escucharas desierto
evité que las palabras se volvieran inaudibles a tus oídos
extirpándoles a cada una
el crepúsculo de su razón
y ahora vuelan
y cantan como besos
y hay amor disperso en lo orquestado
amor que va creciendo
muy cerca de tus ojos.
desterrando calor
de las huellas de mi destino.
Por ese vacío, viudo de esperanzas
que con descaro
en una línea disuelta en gris se exhibía
me obligaba a morir en arena
siendo estampida de mar
cuando mi sol se negaba a dormir.
Cuanta razón...
tus reflejos dorados al oeste excitaban
despintando de mis sombras
al árbol de los sueños.
Un paso di así... y fueron miles de pasos perdidos
hasta que pude convertirme
en el tronco plateado de un álamo
asomando incrédulo con sus ramas extendidas
pidiéndole al cielo por la soledad de tu infierno.
Sol y piel, desvanecían la vida, los colores
más allá, grises.
Conseguí que al fin
escucharas desierto
evité que las palabras se volvieran inaudibles a tus oídos
extirpándoles a cada una
el crepúsculo de su razón
y ahora vuelan
y cantan como besos
y hay amor disperso en lo orquestado
amor que va creciendo
muy cerca de tus ojos.