Desmaterialización corpórea

manuel flores pinzon

Poeta fiel al portal
No he podido voltear a ver mi tumba,
mi santa cripta que me pertenece,
a la cual le pertenezco hasta los huesos,
todos mis dientes, mis molares,
mis falanges, mis costillas, todo mi armazón,
no puedo voltear a verle la cara a dios,
vivo en una nube,
soy una nube,
en un instante paso a ser penumbra con unas palabras en el aire,
paso a ser araña hasta el último músculo,
hasta perder noción del dolor, y la gravedad hundida,
ahora soy un germen en la garganta,
de esos que causan molestias respiratorias,
un asma,
un miasma de cadáver,
suenan las palabras de un cura,
su agua quema mi piel en tercer grado,
casi se me neutraliza el corazón,
con la fuerza súbita del espasmo,
integro en toda materia,
así exploto en un big bang,
en una desmaterialización corpórea,
el pecho me llega a 1000º antes de implotar,
tengo rebanadas las venas,
el cura me mira por la espalda quedándose inmóvil un rato,
las palabras de su salvador me erosionan el espíritu negro,
que rara música de fondo,
esa que llora como armónica,
un segundo que nada vale en el cosmos para una vida
tan pequeña en la eternidad universal,
¡¡¡si¡¡¡
ya tengo las antenas en mis ojos y mi boca se ha vuelto de coleóptero,
soy tinta de pulpo,
ando de insecto en la tierra de un sepulcro,
me topo de frente al epitafio de un poeta muerto,
muy muerto, kilómetros abajo,
ni si quiera mi olfato detecta olor a carne podrida,
el abate sigue repartiendo el agua bendita,
agua vendaval,
que comparte la anestesia celestial,
la perenne esperanza,
el Poeta hablara del sepulcro.
El día sigue en mi territorio,
tengo gafas de sol,
un paraguas para no insolarme,
un silencio para no hablar,
uno para no dejar escapar el gas,
y otro para morir.
 
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