César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para las cero y veintesiete de la madrugada el desespero se le había convertido en desolación. Nada. Ni una palabra.
Se comunicaba con ella por el incierto canal de una de esas redes sociales telefónicas. Precisaba de Internet para hacerlo, pero en su país la Internet todavía era defectuosa y a veces los mensajes le llegaban con retraso. ¿Estaría pasando eso mismo ahora?
Apagó la luz del teléfono y colocó el aparato sobre el banco de madera que le servía como mesita de noche. Concentró los ojos, pero no la mente, en una película. La amargura se le disipó bajo el manto de un sueño tenaz. Dormir debe ser como morir: total ausencia de uno mismo. Duró poco. A las tres con doce lo despertó una ráfaga luminosa proveniente del televisor encendido.
Nada. Ni una palabra de ella.
Agosto y noche, 2014. César Guevara
Se comunicaba con ella por el incierto canal de una de esas redes sociales telefónicas. Precisaba de Internet para hacerlo, pero en su país la Internet todavía era defectuosa y a veces los mensajes le llegaban con retraso. ¿Estaría pasando eso mismo ahora?
Apagó la luz del teléfono y colocó el aparato sobre el banco de madera que le servía como mesita de noche. Concentró los ojos, pero no la mente, en una película. La amargura se le disipó bajo el manto de un sueño tenaz. Dormir debe ser como morir: total ausencia de uno mismo. Duró poco. A las tres con doce lo despertó una ráfaga luminosa proveniente del televisor encendido.
Nada. Ni una palabra de ella.
Agosto y noche, 2014. César Guevara