Despeñadero

ORIANA G. FONSECA

Poeta recién llegado
Allí estaba, en plena cima de su vida,
ya había subido cada metro, cada roca,
de pronto se vio lejana de todo ser, y
se detuvo a pensar, antes de iniciar su caída.

En aquel yermo paisaje, en ese desértico lugar,
comenzó, antes, un respiro tan profundo, a cavilar
y estaba justo ahí, a un pequeño paso de caer al precipicio
un resbalón y ya no habría retorno, preámbulo del desenlace.

Atormentada por sus recelos y sus deseos,
esbozó igual una sonrisa, recapituló,
elaboró una antología de su existencia y fue edificante
afectos y desamores, aciertos y erratas.

Pasión, ternura, amor y odio, dulzura y amargos días,
pero cada momento estuvo viva, a carcajadas o inconsolable
derramó lágrimas y sintió su vientre vibrar, fructiferó
ahora, sólo quedaba beberse los últimos tragos.

Cual sediento errante, se decidió a no desperdiciar gota alguna,
y pensó, aun me queda tiempo, ese que inexorable deja su rastro
y entonces se aproximó a la orilla de aquella cima,
abrió sus brazos y se abalanzó al vacío, expectante, pero reconciliada consigo.



 

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