irian
Poeta recién llegado
Una nueva mañana inicia;
mi habitación y mi alma despojadas de toda luz del día,
camino por ella a ciegas, aún con los ojos abiertos,
aferrandome al consuelo y la esperanza
viéndolos como del alma sus únicos alimentos.
Se me quedó la fuerza en alguna parte,
fragmentos perdidos en una batalla sin sentido, sin peleas,
una batalla contra mi razón, un suicidio de mis ideas,
queriendo combatir el propósito que una vez
fue mi propio estandarte.
Mi alma huele a sangre, mi cuerpo cementerio de sueños;
mi memoria la tumba para tantos recuerdos
que se niegan a permanecer dormidos,
mis pasos se visten de cadenas, eterna condena que
incluso dormida me pesa.
Necesito libertad, pero de qué,
si mis recuerdos son la tortura
que agobia mi existencia de noche y de día;
deseo un instante en que los ojos pueda cerrar,
y el descanso me conceda no tener que soñar.
Deseo una mañana poder despertar
sin el sabor de mis lágrimas secas aún en los labios;
deseo poder verme al espejo
y descubrir que mi vida es más que una hoja marchita;
deseo extender nuevamente las alas
y sonreir, al recordar que jamás olvidé lo que es volar.
mi habitación y mi alma despojadas de toda luz del día,
camino por ella a ciegas, aún con los ojos abiertos,
aferrandome al consuelo y la esperanza
viéndolos como del alma sus únicos alimentos.
Se me quedó la fuerza en alguna parte,
fragmentos perdidos en una batalla sin sentido, sin peleas,
una batalla contra mi razón, un suicidio de mis ideas,
queriendo combatir el propósito que una vez
fue mi propio estandarte.
Mi alma huele a sangre, mi cuerpo cementerio de sueños;
mi memoria la tumba para tantos recuerdos
que se niegan a permanecer dormidos,
mis pasos se visten de cadenas, eterna condena que
incluso dormida me pesa.
Necesito libertad, pero de qué,
si mis recuerdos son la tortura
que agobia mi existencia de noche y de día;
deseo un instante en que los ojos pueda cerrar,
y el descanso me conceda no tener que soñar.
Deseo una mañana poder despertar
sin el sabor de mis lágrimas secas aún en los labios;
deseo poder verme al espejo
y descubrir que mi vida es más que una hoja marchita;
deseo extender nuevamente las alas
y sonreir, al recordar que jamás olvidé lo que es volar.