Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y se evadía.
se evadía comiéndose por dentro;
como los cangrejos.
Todos se preocuparon por aquel niño, que habían visto
vagar por el pueblo; pues ese día habían encontrado
el cuerpo de su mascota y único acompañante, en los rastros
que deja la marea.
un joven, que buscaba por la orilla del manglar encontró
al niño. Estaba de espaldas sentado con las piernas cruzadas.
Cuando el joven lo llamo, el niño no respondió;
así que toco su hombro. El joven casi dio un grito,
al tiempo que retrocedía. El niño tenía puestos
en los parpados de los ojos, pequeños palitos
que abrían el ojo en una forma grotesca.
Fueron otros los que tomaron al niño y cobijaron.
Pero el joven se quedo un tiempo más. Camino
hacia el lugar donde lo había encontrado, unos pasos más.
Allí sobre la arena unas letras.
Despiértame, despiértame, despiértame