joanmoypra
Poeta que considera el portal su segunda casa
De las fases que debemos
sobre la tierra pasar
la muerte es el único colofón
que podemos alcanzar:
de lo bueno o lo malo
que en la vida realizamos
con la muerte concluimos
y nuestro libro cerramos,
dejando a los que se quedan
los juicios sobre el finado.
Juicios que dependerán
de la fama o gran capital que
podamos con las manos agarrar
cuando la herencia del ausente
se reparta o dilapide entre
sus incontables parientes,
que se apuntan al reparto
de los finados pudientes.
Cuando el humilde es el que muere
las cosas cambian bastante,
y en su despedida se derraman
solo lagrimas sinceras,
de aquellos que a su lado estaban
durante la tan temida y fatal espera.
Todos los que se nos van
allanan nuestro camino,
enseñándonos la humildad
con la que debemos partir
cuando nos llegue el final
que nos depara el destino,
al acotar ese tiempo
que por vida conocimos,
desde aquel lejano día que
a este purgatorio vinimos.
Dejemos esta hipocresía
y que adorna a los mortales,
escondido en el cajón de
nuestros vicios nacionales,
y saquemos del armario
las virtudes escondidas que
son las únicas que hacen
lo mejor de nuestras vidas,
aunque molesten e irriten
a esos hipócritas que
con sus lágrimas de cocodrilo
sobre nuestras tumbas
las fingidas penas lloran.
Cuando a la tierra nos llevan
en despojos convertidos
nos pareceremos muy poco
a los seres que antes fuimos;
solo huesos y pellejo y
en un obscuro traje metidos,
bajo dos metros de tierra
o en algún nicho escondido,
de algún camposanto cualquiera
hasta que nos llegue el olvido.
Por eso la hipocresía
de nada nos va a servir
cuando nos toque partir
al sitio del que ninguno ha venido;
ella se quedara aquí muy feliz
dentro de otro infeliz que
en este mundo ha conocido.
Pues como decía un poeta
hace mucho tiempo atrás:
Se humilde con la tierra
que al principio pisaras,
porque será esta la mortaja
que al final te cubrirá!
Joanmoypra/enero/2012
sobre la tierra pasar
la muerte es el único colofón
que podemos alcanzar:
de lo bueno o lo malo
que en la vida realizamos
con la muerte concluimos
y nuestro libro cerramos,
dejando a los que se quedan
los juicios sobre el finado.
Juicios que dependerán
de la fama o gran capital que
podamos con las manos agarrar
cuando la herencia del ausente
se reparta o dilapide entre
sus incontables parientes,
que se apuntan al reparto
de los finados pudientes.
Cuando el humilde es el que muere
las cosas cambian bastante,
y en su despedida se derraman
solo lagrimas sinceras,
de aquellos que a su lado estaban
durante la tan temida y fatal espera.
Todos los que se nos van
allanan nuestro camino,
enseñándonos la humildad
con la que debemos partir
cuando nos llegue el final
que nos depara el destino,
al acotar ese tiempo
que por vida conocimos,
desde aquel lejano día que
a este purgatorio vinimos.
Dejemos esta hipocresía
y que adorna a los mortales,
escondido en el cajón de
nuestros vicios nacionales,
y saquemos del armario
las virtudes escondidas que
son las únicas que hacen
lo mejor de nuestras vidas,
aunque molesten e irriten
a esos hipócritas que
con sus lágrimas de cocodrilo
sobre nuestras tumbas
las fingidas penas lloran.
Cuando a la tierra nos llevan
en despojos convertidos
nos pareceremos muy poco
a los seres que antes fuimos;
solo huesos y pellejo y
en un obscuro traje metidos,
bajo dos metros de tierra
o en algún nicho escondido,
de algún camposanto cualquiera
hasta que nos llegue el olvido.
Por eso la hipocresía
de nada nos va a servir
cuando nos toque partir
al sitio del que ninguno ha venido;
ella se quedara aquí muy feliz
dentro de otro infeliz que
en este mundo ha conocido.
Pues como decía un poeta
hace mucho tiempo atrás:
Se humilde con la tierra
que al principio pisaras,
porque será esta la mortaja
que al final te cubrirá!
Joanmoypra/enero/2012