emiled
Poeta adicto al portal
DESTELLOS DE UN OCASO
El ocaso nos devuelve,
como en la noche los astros
envueltos en el filo eterno,
como sal que un lago disuelve
en la espuma,
un fulgor por cada gota de lluvia.
El caer de aguas no moja el cristal
del reflejo de las sierpes
en la cresta de las brumosas algas,
ni la cúpula del rostro del alba
al caer, un rayo de ínfima salva
en el lecho de tu rostro de cometa.
Allí, a lo lejos...
Serpentean los ríos desdoblándose;
el crujir de las hojas,
como tenue céfiro de estío,
me llama a sentir el aroma de las tumbas
y el regocijo de la marea en mis espejos.
La ciudad, la noche:
Nieblas imantan el espesor del mundo,
y el rojo vestido de primavera
se mancha con el ópalo de las estrellas:
el mediterráneo me llama arqueándose,
y vuelvo en éxtasis por los desiertos,
brincando oasis de ámbar, de miel.
Y como de un panal de sueños violáceos,
de un Leteo imaginario a orillas del Etna;
vuelvo al mar, baño mi cabeza ahí,
bautizándome del aroma de la poesía
de los muertos, de aquellos que volvieron
al mundo navegando los puertos de Babilonia.
Allí, a lo lejos...
armaré una casa al amparo de borrascas,
con mi amada, ninfa hermosa,
en cuyo celaje de gris cabellera
dormitará el grito del vampiro,
el rubor de orquídeas hechas de sombra.
La ciudad, la noche:
El ocaso nos devuelve,
como en la noche los astros
envueltos en el filo eterno,
como sal que un lago disuelve
en la espuma,
un fulgor por cada gota de lluvia.
E.N.R.D
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El ocaso nos devuelve,
como en la noche los astros
envueltos en el filo eterno,
como sal que un lago disuelve
en la espuma,
un fulgor por cada gota de lluvia.
El caer de aguas no moja el cristal
del reflejo de las sierpes
en la cresta de las brumosas algas,
ni la cúpula del rostro del alba
al caer, un rayo de ínfima salva
en el lecho de tu rostro de cometa.
Allí, a lo lejos...
Serpentean los ríos desdoblándose;
el crujir de las hojas,
como tenue céfiro de estío,
me llama a sentir el aroma de las tumbas
y el regocijo de la marea en mis espejos.
La ciudad, la noche:
Nieblas imantan el espesor del mundo,
y el rojo vestido de primavera
se mancha con el ópalo de las estrellas:
el mediterráneo me llama arqueándose,
y vuelvo en éxtasis por los desiertos,
brincando oasis de ámbar, de miel.
Y como de un panal de sueños violáceos,
de un Leteo imaginario a orillas del Etna;
vuelvo al mar, baño mi cabeza ahí,
bautizándome del aroma de la poesía
de los muertos, de aquellos que volvieron
al mundo navegando los puertos de Babilonia.
Allí, a lo lejos...
armaré una casa al amparo de borrascas,
con mi amada, ninfa hermosa,
en cuyo celaje de gris cabellera
dormitará el grito del vampiro,
el rubor de orquídeas hechas de sombra.
La ciudad, la noche:
El ocaso nos devuelve,
como en la noche los astros
envueltos en el filo eterno,
como sal que un lago disuelve
en la espuma,
un fulgor por cada gota de lluvia.
E.N.R.D
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