Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
...
Atemporales puntadas prenden fúlgidos
reflejos en mi techo; ya gaviotas, ya pupilas,
que me miran y fluctúan y reverberan
y transmutan cuando llega tu mirada.
Tu mirada que no está, pero es celosa
y se torna: ya gaviota, ya pupila, inquisidora
de mi nostalgia por tu ausencia y de mis celos.
Y apenas mengua cuando el mar motorizado,
mengua su flujo rumoroso, en tanto enciende
mi alto desvelo, la farola de una lágrima.
¿Serán mis ojos, -no gaviotas ni pupilas-
desde el frío lecho asfaltado por la pena,
los que en su ronda por umbrío cielorraso,
abstraigan, luciérnagas al menos,
en disuasivas contorsiones angustiosas
de tímido esplendor, tu alma inconexa,
mientras te cubre la tibieza de otro pecho?
Se me confunden las gaviotas, las pupilas...
Amanece, y el sol, quizá, como el astro rey
que te ilumina, emula estoico mis luciérnagas.
Encima, tenaces débitos arrecian, y ferozmente
ruge el mar en mi atolón. Aguárdame en mí,
si acaso hasta la noche, amor. Hasta la noche
en que descorra cortinajes a tu código vital
y me recueste a traducir entre arabescos,
un quimérico, alado: te amo de tus labios,
que se vuelva emotiva realidad y que rasante,
emprenda con mirada de pupila melancólica
y reciproco destello de luciérnaga leal,
feliz retorno al plañidero signo mío, ya lucero.
©Juan Oriental