Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Detrás de la ventana,
en la penumbra quieta del crepúsculo,
donde el viento murmura sus secretos a las hojas,
espero tu sombra,
una figura diluida entre la luz y la distancia.
Tu ausencia es un verso que no termina,
un eco que vibra en el hueco del tiempo.
El mundo fuera se desploma,
pero aquí, detrás del cristal empañado,
cada segundo se despliega como un océano infinito.
Los días se tejen en seda pálida,
y en la penumbra de mi cuarto,
te pienso como el mar piensa en la orilla:
siempre presente,
aunque nunca pueda alcanzarla.
¿Es esta la eternidad,
el latido sordo de un reloj que no avanza?
Tus pasos son recuerdos que el viento disuelve,
pero tu rostro —¡ah, tu rostro!—
permanece grabado en el aire,
detrás de la ventana.
en la penumbra quieta del crepúsculo,
donde el viento murmura sus secretos a las hojas,
espero tu sombra,
una figura diluida entre la luz y la distancia.
Tu ausencia es un verso que no termina,
un eco que vibra en el hueco del tiempo.
El mundo fuera se desploma,
pero aquí, detrás del cristal empañado,
cada segundo se despliega como un océano infinito.
Los días se tejen en seda pálida,
y en la penumbra de mi cuarto,
te pienso como el mar piensa en la orilla:
siempre presente,
aunque nunca pueda alcanzarla.
¿Es esta la eternidad,
el latido sordo de un reloj que no avanza?
Tus pasos son recuerdos que el viento disuelve,
pero tu rostro —¡ah, tu rostro!—
permanece grabado en el aire,
detrás de la ventana.