Xavier Taboada
Poeta asiduo al portal
Paseando por los confines del espacio tu nombre hallé,
una mujer de gran sensibilidad, en la eternidad encontré
Protectora de la sabiduría, en Grecia no estas,
al lado alterno del espejo te puedo hallar.
Mujer de versos incompletos, tus anhelos apuntan a la mitología,
de la noche y sus estrellas admiras su hegemonía.
El esplendor de un ave de fuego te pudo cautivar,
la magia de un cuento furtivo, te supo enamorar.
En la cúspide más alta, una promesa nació,
producto de un cuento secreto, que nunca más se oyó.
Era un palacio imponente, Fortaleza de la soledad,
donde de sus encuentros clandestinos, el pueblo no se pudo enterar.
Más a la mujer de poesía hermosa, el mundo logró confundir,
lo que es cierto y sublime del amor, no le permitió discernir.
Fue entonces cuando de la nada apareció,
de los cuentos un mago, que su alegría le regaló.
En la tarde más triste, sus lágrimas secó,
y en una noche infinita, con todo su amor la cuidó.
Princesa de Cielo, él la supo nombrar,
mi sol naciente, ella lo comenzó a llamar.
Más antaño en la vida de ella existió,
muchas penas y tristezas que nadie consoló.
Una tarde callada, el mago se fue,
simplemente partió, sin decir porque
En un sitio de no palabra se refugió
la fortaleza de la esperanza, el descubrió.
Ojos triste lloraba, la ausencia de su amado,
al mismo tiempo en su vida, aparecen sombras del pasado.
Hacedor de historias, el mago volvió
en artesano de la palabra se convirtió.
Al reencuentro de su amada salió presuroso,
pero todo había cambiado a un trato sigiloso.
En las alas de un Pegaso ella encontró consuelo,
en la ausencia cruel del mago, halló en brazos de otro remedo.
Labios compartidos se tornó,
mujer de agua y fuego su pasión desató.
El cuentista perplejo, de su asombro no salía,
a causa de un príncipe encantado, su amor perdería.
Intentó, luchó, hizo lo imposible,
pero él no podía, intento risible.
En su afán por acercarla más, por completo la alejó,
ya no comprendía sus sentimientos, la magia se rompió.
La doncella y el Pegaso felices moraron,
más el que un día fue Fénix, de sus sentimientos quedó arruinado.
Muchas historias surgieron después,
tales como que él la mató a ella o quizás al revés.
Que él siempre la buscó con afán y esmero,
pero que siempre halló un rechazo certero.
Lo cierto es que un día,
porque siempre llega el día en los cuentos,
él la olvidó,
comprendió que primero debía valorarse el mismo
y a luchar por sus propios sueños.
una mujer de gran sensibilidad, en la eternidad encontré
Protectora de la sabiduría, en Grecia no estas,
al lado alterno del espejo te puedo hallar.
Mujer de versos incompletos, tus anhelos apuntan a la mitología,
de la noche y sus estrellas admiras su hegemonía.
El esplendor de un ave de fuego te pudo cautivar,
la magia de un cuento furtivo, te supo enamorar.
En la cúspide más alta, una promesa nació,
producto de un cuento secreto, que nunca más se oyó.
Era un palacio imponente, Fortaleza de la soledad,
donde de sus encuentros clandestinos, el pueblo no se pudo enterar.
Más a la mujer de poesía hermosa, el mundo logró confundir,
lo que es cierto y sublime del amor, no le permitió discernir.
Fue entonces cuando de la nada apareció,
de los cuentos un mago, que su alegría le regaló.
En la tarde más triste, sus lágrimas secó,
y en una noche infinita, con todo su amor la cuidó.
Princesa de Cielo, él la supo nombrar,
mi sol naciente, ella lo comenzó a llamar.
Más antaño en la vida de ella existió,
muchas penas y tristezas que nadie consoló.
Una tarde callada, el mago se fue,
simplemente partió, sin decir porque
En un sitio de no palabra se refugió
la fortaleza de la esperanza, el descubrió.
Ojos triste lloraba, la ausencia de su amado,
al mismo tiempo en su vida, aparecen sombras del pasado.
Hacedor de historias, el mago volvió
en artesano de la palabra se convirtió.
Al reencuentro de su amada salió presuroso,
pero todo había cambiado a un trato sigiloso.
En las alas de un Pegaso ella encontró consuelo,
en la ausencia cruel del mago, halló en brazos de otro remedo.
Labios compartidos se tornó,
mujer de agua y fuego su pasión desató.
El cuentista perplejo, de su asombro no salía,
a causa de un príncipe encantado, su amor perdería.
Intentó, luchó, hizo lo imposible,
pero él no podía, intento risible.
En su afán por acercarla más, por completo la alejó,
ya no comprendía sus sentimientos, la magia se rompió.
La doncella y el Pegaso felices moraron,
más el que un día fue Fénix, de sus sentimientos quedó arruinado.
Muchas historias surgieron después,
tales como que él la mató a ella o quizás al revés.
Que él siempre la buscó con afán y esmero,
pero que siempre halló un rechazo certero.
Lo cierto es que un día,
porque siempre llega el día en los cuentos,
él la olvidó,
comprendió que primero debía valorarse el mismo
y a luchar por sus propios sueños.
Inmago
