Lope
Poeta adicto al portal
Eran casi las ocho,
parado en medio de la banqueta,
con el corazón a ochenta,
cuando por fin te escucho venir.
Te tomas tu tiempo,
buscas tus cosas en el asiento del copiloto,
pasan todo tipo de pensamientos en mi cabeza.
Es tan hermosa, ¿estoy soñando? ¿Qué hago?
¿me acerco o espero a que baje?
¿y si cuando me vea se arrepiente?
me encanta su cabello, ¿acaso me miró sonriente?
Por fin abres la puerta, sonríes de par en par,
mi pecho retumba con la fuerza de un pelotón.
-Al parecer he escogido el peor lugar,
mejor vamos al malecón-
Caminamos, uno al lado del otro,
hablamos de todo,
de lo primero que se viniera a la mente.
Estábamos ausentes para el resto de la gente,
ni me enteraba que pasaban personas frente nuestro.
Quería lanzarme sobre ti,
decirte que mi piel no dejaba de vibrar,
que una fuerza me atraía en tu dirección,
a tu lado, todo era perfecto.
Intercambiamos palabras, pensamientos, recuerdos.
Nuestras miradas escupen fuego,
mis ojos fijos en ti, hasta que se cruzaban con los tuyos.
Los nervios sacudían partes aleatorias de mi cuerpo,
intentaba dominarlos para evitar que fuera evidente.
Mientras tú, sonreías, todo el tiempo,
y yo no podía ser más feliz de estarte viendo.
La situación dio un vuelco,
caminamos de regreso,
terminamos en la orilla de la playa,
arropados por la luna.
Aquí todo fue luz de luna, estrellas,
el sonido del mar,
tus labios con los míos,
tú y yo, nada más.
Nos fundimos en un beso largo y apasionado,
era clara nuestra decisión,
aceptábamos todo del otro,
escogimos la misma dirección.
Pasaron otras tantas cosas hasta ahora,
pero sigo sintiendo la misma sensación,
cada vez que te veo se me acelera el cora,
pareciera que esta fuera de control.
Y desde ese día, he estado pensando,
sintiendo, recordando todo acerca de ti.
Hoy, confirmo, remacho, remarco, redescubro
que, seguimos escogiendo la misma dirección, día con día.
parado en medio de la banqueta,
con el corazón a ochenta,
cuando por fin te escucho venir.
Te tomas tu tiempo,
buscas tus cosas en el asiento del copiloto,
pasan todo tipo de pensamientos en mi cabeza.
Es tan hermosa, ¿estoy soñando? ¿Qué hago?
¿me acerco o espero a que baje?
¿y si cuando me vea se arrepiente?
me encanta su cabello, ¿acaso me miró sonriente?
Por fin abres la puerta, sonríes de par en par,
mi pecho retumba con la fuerza de un pelotón.
-Al parecer he escogido el peor lugar,
mejor vamos al malecón-
Caminamos, uno al lado del otro,
hablamos de todo,
de lo primero que se viniera a la mente.
Estábamos ausentes para el resto de la gente,
ni me enteraba que pasaban personas frente nuestro.
Quería lanzarme sobre ti,
decirte que mi piel no dejaba de vibrar,
que una fuerza me atraía en tu dirección,
a tu lado, todo era perfecto.
Intercambiamos palabras, pensamientos, recuerdos.
Nuestras miradas escupen fuego,
mis ojos fijos en ti, hasta que se cruzaban con los tuyos.
Los nervios sacudían partes aleatorias de mi cuerpo,
intentaba dominarlos para evitar que fuera evidente.
Mientras tú, sonreías, todo el tiempo,
y yo no podía ser más feliz de estarte viendo.
La situación dio un vuelco,
caminamos de regreso,
terminamos en la orilla de la playa,
arropados por la luna.
Aquí todo fue luz de luna, estrellas,
el sonido del mar,
tus labios con los míos,
tú y yo, nada más.
Nos fundimos en un beso largo y apasionado,
era clara nuestra decisión,
aceptábamos todo del otro,
escogimos la misma dirección.
Pasaron otras tantas cosas hasta ahora,
pero sigo sintiendo la misma sensación,
cada vez que te veo se me acelera el cora,
pareciera que esta fuera de control.
Y desde ese día, he estado pensando,
sintiendo, recordando todo acerca de ti.
Hoy, confirmo, remacho, remarco, redescubro
que, seguimos escogiendo la misma dirección, día con día.