Bruciata
Poeta asiduo al portal
Si me basara en algunas cosas diría que el lugar es celestial., inmaculado
pero no lo es.
A pesar de encontrarme invadida por paredes de colores suaves y uniformes blancos esto no es mas que la antesala del cielo y para otros el mismo infierno.
Esperar casi cuatro horas para ser atendida en Urgencias del hospital no fue tan incomodo como el chocarme con una realidad variada de penas, dolores y desazones.
Podría decir que todo iba bien hasta que la vi.
Yo repasaba cosas de mi trabajo, pedidos, facturas, y cosas que a pesar de saber fehacientemente que son importantes- ahora dejaron de serlo. Ahora tienen lugar estas palabras, por cruzarme con ella.
Una veintena de personas en la sala. Una veintena mas un alma, la de Paula. Paula con su dieta 99 y su nº de habitación 17 (aunque su cama vague en una sala de 200m2) y con una veintena de personas a su alrededor.
Veinte personas a su alrededor, alrededor de Paula y sinto ser pesadamente reiterativa e ir en contra de los buenos recursos de escritura, pero las acojonadas lagrimas que perdí, mirando a Paula, lo merecen.
Veinte personas a su lado, en una misma habitación, conviviendo con sus temblores y quejas, veinte personas con ella y ella sola.
Me avergoncé de mi misma, porque recién repare en ella cuando una enfermera le tomo la temperatura y la tensión.
La guapa morena de rizos largos y maquillaje impecable pronuncio su nombre Paula.
(El caparazón era digno de contemplar aunque su contenido brillara por su ausencia)
La enfermera le anuncio lo que haría, y a pesar de los temblores de Paula, a pesar de estar sola, a pesar de que su numero de dieta imitaba a su longeva edad, a pesar de de de..; la enfermera solo hizo lo que dijo, sin regarle a aquella anciana ni una sola caricia, ni un solo gesto de :oye, no estas sola. Nada.
Así fue como yo repare en Paula.
La enfermera Srita. Caparazón repitió el procedimiento con cada paciente de la sala, uno tras otro mientras Paula seguía allí, contra la pared blanca, bajo la luz blanca, en medio de veinte personas y con sus temblores.
Y yo porque lloraba?... de pensar como la gente puede ser tan fría, como podemos pasar unos de otros de esa manera. En ese momento deje de ver a la gente de un lado de la vereda y yo del otro y me vi en el mismo lugar que el resto porque yo tampoco era capas de levantar el culo de la silla y hacerle una caricia a Paula, tomar su mano..algo.
Juro que no me importo quedar en ridículo por mis lágrimas que seguramente mis vecinos no comprendieran-, me deje ver llorar pero no me deje llevar e ir hasta Paula.
Yo. Yo que soy de las que sí pueden con casi todo.
Puedo con mis cuentas con mis penas familiares puedo con la distancia de mi tierra, de los míos.
Puedo criar a mi hijo sola. Puedo ser fontanera en este mundo de hombres con derecho de piso pago.
Yo puedo!.
Pero no pude acercarme a Paula y tenderle mi mano. Me avergüenzo de mi misma.
Entonces fue cuando me vino a la cabeza un pensamiento ridículo y tan típicamente humano, pensé: Tal vez Paula haya sido mala en su vida, y se merezca esta soledad
-El que el otro sea mas malo que nosotros nos hace sentir (falsamente) menos malos a nosotros mismos.-
El hombre es así, tan inseguro, tan imperfectamente perfecto en su cuerpo, en su alma, y porque no también en sus pensamientos.
A pesar de encontrarme invadida por paredes de colores suaves y uniformes blancos esto no es mas que la antesala del cielo y para otros el mismo infierno.
Esperar casi cuatro horas para ser atendida en Urgencias del hospital no fue tan incomodo como el chocarme con una realidad variada de penas, dolores y desazones.
Podría decir que todo iba bien hasta que la vi.
Yo repasaba cosas de mi trabajo, pedidos, facturas, y cosas que a pesar de saber fehacientemente que son importantes- ahora dejaron de serlo. Ahora tienen lugar estas palabras, por cruzarme con ella.
Una veintena de personas en la sala. Una veintena mas un alma, la de Paula. Paula con su dieta 99 y su nº de habitación 17 (aunque su cama vague en una sala de 200m2) y con una veintena de personas a su alrededor.
Veinte personas a su alrededor, alrededor de Paula y sinto ser pesadamente reiterativa e ir en contra de los buenos recursos de escritura, pero las acojonadas lagrimas que perdí, mirando a Paula, lo merecen.
Veinte personas a su lado, en una misma habitación, conviviendo con sus temblores y quejas, veinte personas con ella y ella sola.
Me avergoncé de mi misma, porque recién repare en ella cuando una enfermera le tomo la temperatura y la tensión.
La guapa morena de rizos largos y maquillaje impecable pronuncio su nombre Paula.
(El caparazón era digno de contemplar aunque su contenido brillara por su ausencia)
La enfermera le anuncio lo que haría, y a pesar de los temblores de Paula, a pesar de estar sola, a pesar de que su numero de dieta imitaba a su longeva edad, a pesar de de de..; la enfermera solo hizo lo que dijo, sin regarle a aquella anciana ni una sola caricia, ni un solo gesto de :oye, no estas sola. Nada.
Así fue como yo repare en Paula.
La enfermera Srita. Caparazón repitió el procedimiento con cada paciente de la sala, uno tras otro mientras Paula seguía allí, contra la pared blanca, bajo la luz blanca, en medio de veinte personas y con sus temblores.
Y yo porque lloraba?... de pensar como la gente puede ser tan fría, como podemos pasar unos de otros de esa manera. En ese momento deje de ver a la gente de un lado de la vereda y yo del otro y me vi en el mismo lugar que el resto porque yo tampoco era capas de levantar el culo de la silla y hacerle una caricia a Paula, tomar su mano..algo.
Juro que no me importo quedar en ridículo por mis lágrimas que seguramente mis vecinos no comprendieran-, me deje ver llorar pero no me deje llevar e ir hasta Paula.
Yo. Yo que soy de las que sí pueden con casi todo.
Puedo con mis cuentas con mis penas familiares puedo con la distancia de mi tierra, de los míos.
Puedo criar a mi hijo sola. Puedo ser fontanera en este mundo de hombres con derecho de piso pago.
Yo puedo!.
Pero no pude acercarme a Paula y tenderle mi mano. Me avergüenzo de mi misma.
Entonces fue cuando me vino a la cabeza un pensamiento ridículo y tan típicamente humano, pensé: Tal vez Paula haya sido mala en su vida, y se merezca esta soledad
-El que el otro sea mas malo que nosotros nos hace sentir (falsamente) menos malos a nosotros mismos.-
El hombre es así, tan inseguro, tan imperfectamente perfecto en su cuerpo, en su alma, y porque no también en sus pensamientos.
Deseo no estar así de sola nunca.
Deseo que el hombre que amo no se sienta así de solo jamás.
Deseo que nosotros..hijos de nuestros padres no los dejemos así de solos nunca.
Seguramente lo lograre, y lo lograremos todos cuando nos levantemos y prestemos nuestras manos a las Paulas que se crucen en nuestras vidas.
Deseo que el hombre que amo no se sienta así de solo jamás.
Deseo que nosotros..hijos de nuestros padres no los dejemos así de solos nunca.
Seguramente lo lograre, y lo lograremos todos cuando nos levantemos y prestemos nuestras manos a las Paulas que se crucen en nuestras vidas.