Diario (Marzo 27)

Henry Miller

Poeta recién llegado
Diario



Marzo 27


Pálidas sombras de cartón en mi entumida celda

tan lejos el ave blanca,

la calle donde creí ver el ansiado final.

Solo es el recuerdo de ese machacar ambiguo y obstinado,

solo tus piernas puestas a secar en un alambre.


Hay tantos pájaros en el recuerdo

tantos cristales de música extinguida.

No se como ocurrió todo esto,

como devine un despertar sin alas,

confundido como un loro

haciendo cabriolas en el fango.



Estrechos son las caminos que el aire ignora,

las siluetas de los álbumes infantiles,

la coronada sangre del pastor,

la lluvia que cae en estos días

como una miel salada y pertinaz,

horadando el tiempo en los techos de lámina,

dejando que la eternidad se acomode.

Solo un instante

Y después el tedio


¡Hoy, hoy, hoy!

Hoy que no es hoy hasta que sea mañana,

el tiempo de los seres lúgubres y parsimoniosos,

las jaulas que crea la erudición.

Nada que saber ni que decir,

lo obvio esta ahí latiendo

acallando el pensamiento

alargándose como las sombras,

en la delicada danza de una araña

en los pies descalzos del misterio.


¡Hoy, que naces para morir y seguir vivo,

nunca te vas definitivamente!

No eres mañana, ni vespertina sombra,

sino vientre abierto y lúcido,

mariposa ciega que no esta pérdida,

que no tiene miedo,

porque es todo:

Trepidar del aire y mancha tibia

del corazón divino.


Bajas por esa escalera,

con tus piernas fuertes y desnudas,

asentándote firmemente.

Tu sexo tira desde adentro

el aire no puede arrancarte de la tierra,

eres como maíz sin tiempo.

como la historia que hila el campo,

cuando se hace un silencio súbito,

y los insectos se quedan quietos.

Tu grupa de milpa fresca

tus nalgas gemelos codiciosos,

tu boca que se desangra de miel

y pretenciosos frutos.


Pero no hay dos,

ni tan siquiera uno,

solo es esto siempre:

Energía zumbando en todas partes

Puentes que ligan todo lo existente

Puentes que crea la imaginación

Porque al final

Todo esta unido.

No hay ni sombra, ni espacio, ni silencio

ni luz, ni duda ni comienzo,

solo el mar balanceándose en la tarde.

Y todo ahí,

ahí justamente,

no quiero mas y sin embargo

sigo buscando.


Buscando para no hallar nada,

para no descansar mi fatigada sombra,

para mirar morir el día

entre las ruinas del pensamiento,

el pensamiento amante codiciosa,

que se roba el tiempo sin dejar frutos,

el pensamiento jaula de Dios,

orilla de ninguna parte.
 

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