José Luis Galarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Piden respeto,
aceptación de un orden en el que no participo.
Cuando el orden me espina el mundo
con el desierto en mí.
Atormentado en lugares reservados forman este ahogo,
entonces
¿por qué no es natural el caos que me nace?
¿Por qué podan la unidad que queda,
el residuo de árbol que no interrumpieron?
El llanto interrumpe como un río los efectos
sobre los niños sin manos, niños sin piernas,
niños sin derechos, por la enfermedad,
por la imposibilidad de formar un círculo,
resulta el fluir necesario del equilibrio el curso
cristalino del tiempo, un acto involuntario
tanto como necesario, la necesidad nos humedece.
Que me disculpen el grito de desahogo,
el torrente del alma movido por la energía
acumulada en las placas del ser,
la energía que hace temblar el universo.
Mi erupción es incontenible.
El aliento templado de los que me minan aumenta mi temblor.
La insistencia del pedido de control es abrumadora.
Hay un equilibrio roto que antecede a mi llanto.
aceptación de un orden en el que no participo.
Cuando el orden me espina el mundo
con el desierto en mí.
Atormentado en lugares reservados forman este ahogo,
entonces
¿por qué no es natural el caos que me nace?
¿Por qué podan la unidad que queda,
el residuo de árbol que no interrumpieron?
El llanto interrumpe como un río los efectos
sobre los niños sin manos, niños sin piernas,
niños sin derechos, por la enfermedad,
por la imposibilidad de formar un círculo,
resulta el fluir necesario del equilibrio el curso
cristalino del tiempo, un acto involuntario
tanto como necesario, la necesidad nos humedece.
Que me disculpen el grito de desahogo,
el torrente del alma movido por la energía
acumulada en las placas del ser,
la energía que hace temblar el universo.
Mi erupción es incontenible.
El aliento templado de los que me minan aumenta mi temblor.
La insistencia del pedido de control es abrumadora.
Hay un equilibrio roto que antecede a mi llanto.