José Luis Galarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
El punto de partida había trazado una línea blanca.
Y cayó sobre nosotros la bandera a cuadros.
Todo era postergación entonces.
La línea para fijar una meta,
la bandera para recordar al ajedrez que no finaliza.
Una carrera da inicio una vida.
Yo llevo mi tiempo para correr una vida.
No cargo una meta para correr una suerte.
La meta es la puesta que no pierdo,
el horizonte que muda,
los espejos que deforman,
el regalo de los espejos es una meta.
Una silueta incierta marcha
con los soles en la canasta
como naranjas convidando el jugo servido en el aire
la explosión de la acidez, la inscripción naranja en el aire.
El aroma mordido de la siesta
pintando el tiempo de ese naranja.
Demorado en el laberinto de bosques,
con sombríos guardianes ofreciendo sombra,
tragando mi sombra la puesta del sol repetida regresa.
Y sobre mi caparazón la carrera del número siete
le cierra los ojos.
Y cayó sobre nosotros la bandera a cuadros.
Todo era postergación entonces.
La línea para fijar una meta,
la bandera para recordar al ajedrez que no finaliza.
Una carrera da inicio una vida.
Yo llevo mi tiempo para correr una vida.
No cargo una meta para correr una suerte.
La meta es la puesta que no pierdo,
el horizonte que muda,
los espejos que deforman,
el regalo de los espejos es una meta.
Una silueta incierta marcha
con los soles en la canasta
como naranjas convidando el jugo servido en el aire
la explosión de la acidez, la inscripción naranja en el aire.
El aroma mordido de la siesta
pintando el tiempo de ese naranja.
Demorado en el laberinto de bosques,
con sombríos guardianes ofreciendo sombra,
tragando mi sombra la puesta del sol repetida regresa.
Y sobre mi caparazón la carrera del número siete
le cierra los ojos.
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