Caetano_Bastos
Poeta recién llegado
Que se lo lleven envuelto en vino
con el poncho
de su ciega madre que duerme
en las puertas del mercado central.
Muerta la vieja, muerta la desgracia.
Es miércoles y llueve sobre ella.
Llueve sobre su pelo blanco
lleno de nafta.
Lo pario morocho con el "tun tuku tum"
de la radio comunal.
Lo pario a las puertas de la salita y
la corriente se lo llevo hacia el charco
donde meaban los paraguayos
que salían de "La Diosa".
Dionisio lo llamo porque
le sonaba a algo divino.
Mas divino que los goles
del panchito; el pibe del barrio,
que vivía en la esquina
y que jugaba de
9 en el Huracán.
Ahora muerto lo arrastran.
Dionisio en su propio jugo,
manchando el poncho de su madre,
por la calle México con la cabeza
reventadisima
con la marca indeleble
de la revancha del amor.
Amor de hombre a hombre.
Amor a la salida del boliche.
Amor coaccionado.
Amor calibre 22.
Dionisio se murió y
su madre también lo estará
cuando el día empiece a hinchar los huevos.
Se la llevara la noche
sin haberse despedido de
su Dionisio el divino.
Se morirá de frió la vieja
sin su poncho, sin Dionisio y
con su nefasta fabrica
de morochos totalmente
destruida.
con el poncho
de su ciega madre que duerme
en las puertas del mercado central.
Muerta la vieja, muerta la desgracia.
Es miércoles y llueve sobre ella.
Llueve sobre su pelo blanco
lleno de nafta.
Lo pario morocho con el "tun tuku tum"
de la radio comunal.
Lo pario a las puertas de la salita y
la corriente se lo llevo hacia el charco
donde meaban los paraguayos
que salían de "La Diosa".
Dionisio lo llamo porque
le sonaba a algo divino.
Mas divino que los goles
del panchito; el pibe del barrio,
que vivía en la esquina
y que jugaba de
9 en el Huracán.
Ahora muerto lo arrastran.
Dionisio en su propio jugo,
manchando el poncho de su madre,
por la calle México con la cabeza
reventadisima
con la marca indeleble
de la revancha del amor.
Amor de hombre a hombre.
Amor a la salida del boliche.
Amor coaccionado.
Amor calibre 22.
Dionisio se murió y
su madre también lo estará
cuando el día empiece a hinchar los huevos.
Se la llevara la noche
sin haberse despedido de
su Dionisio el divino.
Se morirá de frió la vieja
sin su poncho, sin Dionisio y
con su nefasta fabrica
de morochos totalmente
destruida.