OH CUAM TRISTIS
Poeta recién llegado
Padre te digo que la fecha jamás me indicó actualidad,
e ilusamente todas nuestras vidas se bañaron de fracaso.
Te digo que ésta rutina de sobrevivir carece de un santo,
un santo de la fe que se compadezca y de mi no se ría.
Si es que la redención del pelo me ha tomado, y me ha creído pecado.
Mas le grito en su cara que por su propio ego nos salvamos.
Y te digo que las piedras nunca han predicado por falta de mensaje.
Que cada vez que al cielo acudo me responden lágrimas
de su eterno segundo regreso.
Lo digo sin odio, pero con mi credo te reclamo.
Si bien sabes que el Leviatán nos devora y nos sigues vomitando.
No soy frío ni caliente, sino tibio apodado tu hijo.
Y como madre sin su esposo, de la vida hoy nos despojas.
Que el destino no nos forje, ni que el fuego nos lastime
sin antes nos inyectes argumentos de más fe.
Si ya sabes que ahora con fe no se mueven ni los brazos.
Y para colmo, la mostaza en cantidades
más montañas establece.
Pero créeme que hoy el hambre es lo que duele.
Que hoy no queremos creer sino vivir.
Mi Padre eres pero olvido me has nombrado.
Ya quiéreme y olvida mis pecados,
que ya en tus atrios quiero apaciguar
la culpa que jamás tuviste
sino que provocó
tu humilde servidor.
e ilusamente todas nuestras vidas se bañaron de fracaso.
Te digo que ésta rutina de sobrevivir carece de un santo,
un santo de la fe que se compadezca y de mi no se ría.
Si es que la redención del pelo me ha tomado, y me ha creído pecado.
Mas le grito en su cara que por su propio ego nos salvamos.
Y te digo que las piedras nunca han predicado por falta de mensaje.
Que cada vez que al cielo acudo me responden lágrimas
de su eterno segundo regreso.
Lo digo sin odio, pero con mi credo te reclamo.
Si bien sabes que el Leviatán nos devora y nos sigues vomitando.
No soy frío ni caliente, sino tibio apodado tu hijo.
Y como madre sin su esposo, de la vida hoy nos despojas.
Que el destino no nos forje, ni que el fuego nos lastime
sin antes nos inyectes argumentos de más fe.
Si ya sabes que ahora con fe no se mueven ni los brazos.
Y para colmo, la mostaza en cantidades
más montañas establece.
Pero créeme que hoy el hambre es lo que duele.
Que hoy no queremos creer sino vivir.
Mi Padre eres pero olvido me has nombrado.
Ya quiéreme y olvida mis pecados,
que ya en tus atrios quiero apaciguar
la culpa que jamás tuviste
sino que provocó
tu humilde servidor.