Voy a decirte tres palabras
con lo que me quedó de tu silencio
aquella noche de diciembre
cuando llorando dije:
yo comprendo.
Entendí que tus manos no eran mías
más que el árbol cautivo del invierno;
se marchitó la flor en el estante
y se hizo duro el pan
y se agrió el vino.
Voy a decirte tres palabras
para que cada uno retome su sendero
sin el lastre del odio en los recuerdos,
pues si no es el amor, nada te obliga:
Dios te bendiga,
amor,
Dios te bendiga.
con lo que me quedó de tu silencio
aquella noche de diciembre
cuando llorando dije:
yo comprendo.
Entendí que tus manos no eran mías
más que el árbol cautivo del invierno;
se marchitó la flor en el estante
y se hizo duro el pan
y se agrió el vino.
Voy a decirte tres palabras
para que cada uno retome su sendero
sin el lastre del odio en los recuerdos,
pues si no es el amor, nada te obliga:
Dios te bendiga,
amor,
Dios te bendiga.