Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
No,
no seré la espuma
en tus arenas eternas,
no seré el roció
de tus mañanas fugases,
ni la flor que te alimenta
cuando tienes hambre.
Mariposa..,
no seré la roca eterna
no seré el tiempo
encerrado en tu reloj
no seré el abrigo cuando tienes frio,
ni seré la única cuerda en tu violín.
Como se secan tus ríos
frente a mí,
desaparece el bosque
que construiste con los ojos,
agotados tus campos,
solo quedan frutos amargos.
No seré yo
quien fenezca
despreciado bajo el umbral
de tu puerta,
seré el martirio de la tarde
solo por esta tarde
que cuelga en mi horizonte,
yo aportare el rojo al ocaso
para morir solo una vez.
En tus pupilas crecerán cruces,
en tus pupilas dormirá el cortejo
de sentimientos muertos ,
todos despeñados
como girasoles secos,
en tu acantilado dorado.
Tú la diosa blanca,
Tú y tus negras cumbres,
con tu lirio azul en el pelo
y tu violín interfecto,
con tu música lúgubre,
rodeada de cuervos,
caminas en el fuego,
y miras de tu torre
sin expresión en la frente.
Tus flores crecen en las rocas,
tus flores son de mar,
germinan en la arena,
tus semillas están
en las saladas olas,
y nacen muertas.
No,
no voy a ser espuma
en tus arenas eternas,
no seré el roció
de tus mañanas fugases,
ni la flor que te alimenta
cuando tienes hambre.
Veo mariposas blancas
enamoradas de los naranjos,
adelante, después de ti,
en tus pupilas crecerán cruces,
en tus pupilas dormirá el cortejo
de sentimientos muertos ,
todos despeñados
como girasoles secos,
en tu acantilado dorado.
no seré la espuma
en tus arenas eternas,
no seré el roció
de tus mañanas fugases,
ni la flor que te alimenta
cuando tienes hambre.
Mariposa..,
no seré la roca eterna
no seré el tiempo
encerrado en tu reloj
no seré el abrigo cuando tienes frio,
ni seré la única cuerda en tu violín.
Como se secan tus ríos
frente a mí,
desaparece el bosque
que construiste con los ojos,
agotados tus campos,
solo quedan frutos amargos.
No seré yo
quien fenezca
despreciado bajo el umbral
de tu puerta,
seré el martirio de la tarde
solo por esta tarde
que cuelga en mi horizonte,
yo aportare el rojo al ocaso
para morir solo una vez.
En tus pupilas crecerán cruces,
en tus pupilas dormirá el cortejo
de sentimientos muertos ,
todos despeñados
como girasoles secos,
en tu acantilado dorado.
Tú la diosa blanca,
Tú y tus negras cumbres,
con tu lirio azul en el pelo
y tu violín interfecto,
con tu música lúgubre,
rodeada de cuervos,
caminas en el fuego,
y miras de tu torre
sin expresión en la frente.
Tus flores crecen en las rocas,
tus flores son de mar,
germinan en la arena,
tus semillas están
en las saladas olas,
y nacen muertas.
No,
no voy a ser espuma
en tus arenas eternas,
no seré el roció
de tus mañanas fugases,
ni la flor que te alimenta
cuando tienes hambre.
Veo mariposas blancas
enamoradas de los naranjos,
adelante, después de ti,
en tus pupilas crecerán cruces,
en tus pupilas dormirá el cortejo
de sentimientos muertos ,
todos despeñados
como girasoles secos,
en tu acantilado dorado.