Jorge Buckingham
Poeta recién llegado
En una lágrima
el universo se estremece,
iluminando la semilla de otra noche
en un florero de ausencia coloquial.
Cómo acariciar una palabra,
si la calma del mendigo
inspira ilusiones de saliva y mercurio,
en aquella escalera interestelar.
La carretera es el espejo,
es un beso que oscurece los relojes,
y el tiempo… ¡Pobre hombre!
Agonía en un cuadrilátero mustio.
…Y la sonrisa crece como un velo,
y las almas se asemejan,
en un delirio de Bengala,
en un pozo en el olvido.
Mañana el remolino estará muerto,
y el inmenso piano será nuevo en tus manos.
Siempre vivo.
Siempre lejos…
el universo se estremece,
iluminando la semilla de otra noche
en un florero de ausencia coloquial.
Cómo acariciar una palabra,
si la calma del mendigo
inspira ilusiones de saliva y mercurio,
en aquella escalera interestelar.
La carretera es el espejo,
es un beso que oscurece los relojes,
y el tiempo… ¡Pobre hombre!
Agonía en un cuadrilátero mustio.
…Y la sonrisa crece como un velo,
y las almas se asemejan,
en un delirio de Bengala,
en un pozo en el olvido.
Mañana el remolino estará muerto,
y el inmenso piano será nuevo en tus manos.
Siempre vivo.
Siempre lejos…
Última edición: