Orfelunio
Poeta veterano en el portal
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Divagación del Tiempo
Rose: Oscuridad
Louise: La Luna
Ártur: El Sol
Desde mi habitación observo, a través de la ventana, a Rose Llueve, y Louise, entre nubes, alterna su brillo. De trueno en trueno Nada. Se han escondido en silencio las aves, los reptiles, los insectos y los pequeños mamíferos. Una vez pasada la tormenta, comienza de nuevo el gorjeo, el graznido, el ronroneo Es el quejido del bosque. Animado, con el viento en calma y el paisaje húmedo, donde la claridad de Louise provoca la plácida luz de una noche primaveral, se deja sentir en el refugio, la soledad musical de un natural desconcierto.
No sé cuánto llevo aquí. He perdido las respuestas a las salidas de Ártur. Iniciaré de nuevo la cuenta con una pregunta indiscreta. Quizá lleve la paciencia más allá de la gota que rebosa, y obtenga por respuesta, la inexistencia de la medida en lo irrazonable del artificio. Qué más da si todo es vano. Encontré este lugar, y las cosas fueron mucho más fáciles que lo hubieran sido, para un náufrago común en circunstancias estelares.
Louise ¿Estás ahí?
¡Hola Rose! contestó-. Pero estaba sola.
Me perdonarás que no te llamara. Siento que te quedaras..., esperando. Cuando pasó la tormenta, era ya de madrugada.
¿Cómo está Ártur? preguntó-.
A Rose le cambió el semblante.
Bien, muy bien. A punto de salir contestó-.
Después te marcharás ¿Verdad?
Sabes que no puede ser de otra forma, nunca nos hemos llevado bien.
Adiós Louise. Si lo deseas, nos encontraremos a hurtadillas, y te veré esta noche en el bosque; entre las tormentas, Rose.
Buenos días Ártur, te estaba esperando. Recuerdos de Rose Comencemos la cuenta. Soy tu tiempo, y ya no puedo esperar más.