Diez años de saber que tus ojos
brillaban en mis palabras, en mis gestos,
que tus caderas eran el medidor
de todas mis fantasías y desenfrenos.
Muchos años de amarte y desearte
hasta el cansancio y la pereza,
seguro de que tus manos morenas
solo pretendían mi piel blanca y desértica.
Te encontraba en cada amanecer
cuando el canto de los canarios
despertaban mis profundos sueños,
te volvías la loca fantasía cierta,
más cierta que una noche entre las
tinieblas de la espantosa soledad.
Soledad que se reconforta otra vez
con los recuerdos de tus caderas
y mis manos hablando con ellas
el universal idioma de la pasión.
Pero una tarde lluviosa y helada
como las alturas de la montaña
que ahora celebra la desnudez de
todos mis desenfrenos truncos,
enfermos solo de esperar que este
pequeño desagravio no sea eterno.
Esa tarde dejaste una huella turbia,
una señal inequívoca del final,
de la terminación de la fábula de amor:
el desliz de los corazones rotos.
Ahora vago entre tinieblas y pisos
vacíos y ecos huecos en las paredes,
en los techos en cada rincón sucio
y escondido de los cadáveres que
han sido despojados de sus tumbas.
Morir de amor o vivir sin amor.
brillaban en mis palabras, en mis gestos,
que tus caderas eran el medidor
de todas mis fantasías y desenfrenos.
Muchos años de amarte y desearte
hasta el cansancio y la pereza,
seguro de que tus manos morenas
solo pretendían mi piel blanca y desértica.
Te encontraba en cada amanecer
cuando el canto de los canarios
despertaban mis profundos sueños,
te volvías la loca fantasía cierta,
más cierta que una noche entre las
tinieblas de la espantosa soledad.
Soledad que se reconforta otra vez
con los recuerdos de tus caderas
y mis manos hablando con ellas
el universal idioma de la pasión.
Pero una tarde lluviosa y helada
como las alturas de la montaña
que ahora celebra la desnudez de
todos mis desenfrenos truncos,
enfermos solo de esperar que este
pequeño desagravio no sea eterno.
Esa tarde dejaste una huella turbia,
una señal inequívoca del final,
de la terminación de la fábula de amor:
el desliz de los corazones rotos.
Ahora vago entre tinieblas y pisos
vacíos y ecos huecos en las paredes,
en los techos en cada rincón sucio
y escondido de los cadáveres que
han sido despojados de sus tumbas.
Morir de amor o vivir sin amor.