Alexander Taro
Poeta recién llegado
Las sombras se poseian y desposeian
en contra de la reja trasnochada,
en el umbral del deseo,
la reja cerrada por llaves de pasion torturada
con los latigos deambulantes del mundo,
en la madrugada dentro de la madrugada.
Bajaba los escalones desgarrados por el filo de la oscuridad,
entremezclada de alientos sinuosos y hielo; de quemaduras humedas y marmol erizado.
Llevaba desnudo al silencio del miedo.
Perdi la mitad de mi vida estremecida,
la mitad de mi vida hambrienta
en la paralisis del acecho divino.
Ahi estaban las devoraciones,
al final detenido de ese pasillo.
Cambie partes de mi piel y me arrastre.
A sus espaldas colapsaban los tuneles de Babel
y sus almas eran armas blancas que colocaban con delicia entre los dientes,
sus labios metalicos me sangraban al infinito,
en el cuerpo tranceado,
hirviente cuando cerraba los ojos,
en los latidos de mi sub-corazon,
sin darme cuenta, toque la noche mordedura
y los lugares infundibles
y las lenguas poseidas
y el silencio cosido de negro.
Los barrotes son petalos
de gritos de fuegos esclavos
en la celda solitaria de los amantes,
confinados como oxidos sufrientes,
en las entradas y salidas del mundo,
rendidos al doble amanecer.
en contra de la reja trasnochada,
en el umbral del deseo,
la reja cerrada por llaves de pasion torturada
con los latigos deambulantes del mundo,
en la madrugada dentro de la madrugada.
Bajaba los escalones desgarrados por el filo de la oscuridad,
entremezclada de alientos sinuosos y hielo; de quemaduras humedas y marmol erizado.
Llevaba desnudo al silencio del miedo.
Perdi la mitad de mi vida estremecida,
la mitad de mi vida hambrienta
en la paralisis del acecho divino.
Ahi estaban las devoraciones,
al final detenido de ese pasillo.
Cambie partes de mi piel y me arrastre.
A sus espaldas colapsaban los tuneles de Babel
y sus almas eran armas blancas que colocaban con delicia entre los dientes,
sus labios metalicos me sangraban al infinito,
en el cuerpo tranceado,
hirviente cuando cerraba los ojos,
en los latidos de mi sub-corazon,
sin darme cuenta, toque la noche mordedura
y los lugares infundibles
y las lenguas poseidas
y el silencio cosido de negro.
Los barrotes son petalos
de gritos de fuegos esclavos
en la celda solitaria de los amantes,
confinados como oxidos sufrientes,
en las entradas y salidas del mundo,
rendidos al doble amanecer.
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