Domingo Bajo Un Sueño Materno

seso

Poeta asiduo al portal
Detrás de la puerta,
siento unos pasos
que van goteando tanta ternura,
y espero ser amamantado
-¡Como siempre!-
con tu lácteo cariño desde tu seno,
¡Madre!
desde tu seno…

Sigo esperando.
Abro la puerta y no hay nadie.
Mas observo mi totalidad de mal hijo en bruto,
en un presente donde la hora
trasciende a silencio enérgico de pena.

¡Madre!
No te veo pasar con ese manto de luz.
y extraño la llave,
aquella que con cariño
abre las puertas hacia un espectáculo
de paraísos candentes postrados
ante la filial estancia de sonreír
ampliamente desde ese día adiosado
en tu tierno corazón.

Y me encaramo de luces y dulces,
hasta correr a besarte
¡Ah, Madre!
En tu mejilla de donde brotan flores
como testigos de este gran amor.

Extraño que abras las cortinas
y me muestres desde tus ojos amorosos
el nacimiento del sol.

El desayuno:
Ese pan de luna, de estrella, de cometa
sacrificados por el azul de amor…

Y al beber de tu pecho un río
que viene del cielo
transportando todo lo bueno y lo mejor;
ese milagro femenino de tu vientre,
ese lugar de inocencia donde dormí muchos días…

Pero en Lima, a esta hora, las puertas se abren
y me muestran a un centauro
que se va desestrellando
hasta quedar triste y solo
en una guarida como la mía:
Sin paredes, sin bonitos rincones donde llorar,
con una ausencia tremenda que se desarrolla
y se envuelve con los embozos estériles de cariño;

y no hay ya ese canto materno
a la hora de mi retorno
o ese lamento quieto y dulce
a la hora de mi partida.

Un desayuno mudo de sabores,
sin exquisitez ni grandes fragores,
sin mareas sonrientes,
y este mar se parece a un desierto,
al espejo acuoso de mi alma
del cual bebo llorando
hasta el último sorbo,
y te espero como poeta
como hijo recién nacido
en una orfandad de estrellas…

¡Mamá!
A esta hora no hay ruido en casa,
hay pasos que van dejándome
y goteras en mi corazón
más una puerta
¡Qué abro! ¡Qué cierro!
y por ningún lado doy con tu mirada.

Cierro mis ojos y cruzo tu gesto,
tu arruga maternal entera de dulces,
tus manos que vuelven a gestar
mi corazón abandonado
y en la distancia comulgo,
aún y siempre,
tu incomparable amor.

Al fin despierto en tu domingo de mayo.
¡Te Abrazo!
¡Te beso!
y
¡Estas conmigo, Mamá!
¡Estas conmigo!​













Lima, mayo de 2006​
 
que bueno que tú mamá este contigo, valorará siempre,porque mujeres hay miles pero madre sólo una

EDU
 

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