Pedro Vergili
Poeta fiel al portal
Don Armando era mi padre
agricultor y jornalero
tan sólo tuve de herencia
su mensaje más sincero.
Me enseñó a respetar
y a luchar junto al dolor
también a quitarme el sombrero
en presencia de un mayor.
No meterme en conversaciones
cuando había gente de afuera
¡guay! de levantar la voz
la educación siempre primera.
Su palabra era sagrada
y una orden su pedido,
porque fue amigo y padre
y por eso lo he querido.
De cuatro hijos que tuvo
fui quien lo supo entender
uno no tuvo la fuerza
y otro se fue al nacer.
El mayor abrió sus alas
y voló a otros lugares
y después de veinte años
volvió, pero a recorrer los bares.
Tan solo quince minutos
que él creyó suficiente
se marchó sin decir nada
y el adios quedó pendiente.
Yo, a diferencias de él
lo he sabido contener,
él vivió su juventud
yo lo he visto envejecer.
Fui su apoyo, su bastón
fui el sostén de su vejez
con la ausencia de ese hermano
que piensa siempre al revés.
Tan sólo hubo silencio
el día de su partida
un hilo de voz en sus labios
esa fue la despedida.
Allí me quedé sin padre,
allí despedí al amigo,
al progenitor de mi vida,
mi compañero y testigo.
Y allí se fue don Armando
aquel que fura mi viejo
tan sólo me dejó de herencia
el valor de sus consejos.-
Pedro Vergili
agricultor y jornalero
tan sólo tuve de herencia
su mensaje más sincero.
Me enseñó a respetar
y a luchar junto al dolor
también a quitarme el sombrero
en presencia de un mayor.
No meterme en conversaciones
cuando había gente de afuera
¡guay! de levantar la voz
la educación siempre primera.
Su palabra era sagrada
y una orden su pedido,
porque fue amigo y padre
y por eso lo he querido.
De cuatro hijos que tuvo
fui quien lo supo entender
uno no tuvo la fuerza
y otro se fue al nacer.
El mayor abrió sus alas
y voló a otros lugares
y después de veinte años
volvió, pero a recorrer los bares.
Tan solo quince minutos
que él creyó suficiente
se marchó sin decir nada
y el adios quedó pendiente.
Yo, a diferencias de él
lo he sabido contener,
él vivió su juventud
yo lo he visto envejecer.
Fui su apoyo, su bastón
fui el sostén de su vejez
con la ausencia de ese hermano
que piensa siempre al revés.
Tan sólo hubo silencio
el día de su partida
un hilo de voz en sus labios
esa fue la despedida.
Allí me quedé sin padre,
allí despedí al amigo,
al progenitor de mi vida,
mi compañero y testigo.
Y allí se fue don Armando
aquel que fura mi viejo
tan sólo me dejó de herencia
el valor de sus consejos.-
Pedro Vergili