Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Es siempre mi búsqueda,
caminar mirando estrellas, mañanas, tráfico, ciudad, todo es estrella,
y a veces todo se estrella,
se estrella al no encontrarlas,
musas difusas que se pierden al buscarlas demasiado,
ellas para compartir,
para dirimir cuáles son los mejores poemas,
escritos, esos versos que guardamos y mostramos,
y ellas sonríen, ellas,
doncellas literarias,
que acompañen a poetas, a mí, y a todos,
por quienes escribimos,
para quienes escribimos,
a quienes les hablamos, les decimos, besamos con nuestras palabras,
o lo intentamos, y esta es la única manera de saberlo, si responderán, o nos ignorarán,
y ellas son esquivas,
a veces pueden ser escribas,
y juegan igual que nosotros,
con palabras, con dulzura, con ternura, y a veces son salvajes aventuras,
como nosotros, de los que a veces huyen,
y a con los que a veces construyen,
aunque no duren junto a nosotros,
porque el techo llama,
los enseres se enseñorean, necesitan dueñas de casa,
las doncellas literarias que se casan,
con otros,
para otros,
y nos dejan componiendo, escribiendo, articulando,
a veces mascullando tanto desórden,
tanto verso que hay que amaestrar,
pulir, decorar,
por si aparecen, en una de esas rarezas de esta vida,
otras doncellas,
las literarias.
caminar mirando estrellas, mañanas, tráfico, ciudad, todo es estrella,
y a veces todo se estrella,
se estrella al no encontrarlas,
musas difusas que se pierden al buscarlas demasiado,
ellas para compartir,
para dirimir cuáles son los mejores poemas,
escritos, esos versos que guardamos y mostramos,
y ellas sonríen, ellas,
doncellas literarias,
que acompañen a poetas, a mí, y a todos,
por quienes escribimos,
para quienes escribimos,
a quienes les hablamos, les decimos, besamos con nuestras palabras,
o lo intentamos, y esta es la única manera de saberlo, si responderán, o nos ignorarán,
y ellas son esquivas,
a veces pueden ser escribas,
y juegan igual que nosotros,
con palabras, con dulzura, con ternura, y a veces son salvajes aventuras,
como nosotros, de los que a veces huyen,
y a con los que a veces construyen,
aunque no duren junto a nosotros,
porque el techo llama,
los enseres se enseñorean, necesitan dueñas de casa,
las doncellas literarias que se casan,
con otros,
para otros,
y nos dejan componiendo, escribiendo, articulando,
a veces mascullando tanto desórden,
tanto verso que hay que amaestrar,
pulir, decorar,
por si aparecen, en una de esas rarezas de esta vida,
otras doncellas,
las literarias.