F. Noctívago
Poeta recién llegado
Te amo sin razón, sin calendario,
como a la luz que nace del misterio,
igual que el mar respira el escenario
sin conocer el mapa de su imperio.
No hay día que no brotes en la brisa,
ni noche que no habites la marea;
tu sombra es una música precisa
que el mundo sigue aunque no la vea.
Estás en lo que fluye y no se toca,
en el temblor del tiempo sin su prisa,
como la flor nacida en una roca
y su presencia todo lo irisa.
Amarte no es herencia ni destino,
es verbo que deshace lo terreno:
un fuego que no mide su camino,
una verdad sin límite ni freno.
No eres promesa, ni ausencia o desvelo:
eres mi patria, mi raíz, mi vuelo,
una lámpara que arde en el anhelo,
el centro donde empieza todo el cielo
como a la luz que nace del misterio,
igual que el mar respira el escenario
sin conocer el mapa de su imperio.
No hay día que no brotes en la brisa,
ni noche que no habites la marea;
tu sombra es una música precisa
que el mundo sigue aunque no la vea.
Estás en lo que fluye y no se toca,
en el temblor del tiempo sin su prisa,
como la flor nacida en una roca
y su presencia todo lo irisa.
Amarte no es herencia ni destino,
es verbo que deshace lo terreno:
un fuego que no mide su camino,
una verdad sin límite ni freno.
No eres promesa, ni ausencia o desvelo:
eres mi patria, mi raíz, mi vuelo,
una lámpara que arde en el anhelo,
el centro donde empieza todo el cielo