Childe Harold
Poeta recién llegado
Dónde estaremos...
Me siento frente al espejo,
solo, vacío y muerto.
Los años que se han clavado
en mí como agujas de fuego,
me empujan, me sumergen
en un limbo de miedos.
Hoy no tengo sortijas
en los cansados dedos,
sólo la gravedad
de lo solemne e incierto...
¿Dónde está aquel niño
que jugaba con el viento?
¿Dónde aquel amor intangible
que merodeaba su cuerpo;
su alma, su esencia,
la necesidad de ser cierto?
¿Dónde está aquel abril
plagado de atardeceres sureños?
¿Dónde aquellas mañanas
con la nostalgia de un beso?
El espejo no miente,
tampoco el paso del tiempo.
En el rostro las sonrisas
se han tranformado en recelo.
Los cristales que un día
reflejaron los anhelos,
hoy se quiebran silenciosos
en las manos y en el pecho...
¿Dónde está aquella niña
que peinaba horas su pelo?
¿Dónde aquella promesa
de corazones hambrientos?
¿Dónde está aquella primavera
con flores velando el silencio?
¿Dónde aquellas palabras
que endulzaron nuestros sueños?
Me siento frente al espejo,
solo, vacío y muerto.
Los años que se han clavado
en mí como agujas de fuego,
me empujan, me sumergen
en un limbo de miedos.
Hoy no tengo sortijas
en los cansados dedos,
sólo la gravedad
de lo solemne e incierto...
¿Dónde está aquel niño
que jugaba con el viento?
¿Dónde aquel amor intangible
que merodeaba su cuerpo;
su alma, su esencia,
la necesidad de ser cierto?
¿Dónde está aquel abril
plagado de atardeceres sureños?
¿Dónde aquellas mañanas
con la nostalgia de un beso?
El espejo no miente,
tampoco el paso del tiempo.
En el rostro las sonrisas
se han tranformado en recelo.
Los cristales que un día
reflejaron los anhelos,
hoy se quiebran silenciosos
en las manos y en el pecho...
¿Dónde está aquella niña
que peinaba horas su pelo?
¿Dónde aquella promesa
de corazones hambrientos?
¿Dónde está aquella primavera
con flores velando el silencio?
¿Dónde aquellas palabras
que endulzaron nuestros sueños?