DONDE LA CIUDAD AÑORA AL MAR
¿Porqué tu gesto enmohecido?
¿Donde guardas tus desvelos?
¿Acaso la noche, la gran madre verdinegra, te escatima sus caricias...?
¿Porqué tu paso cansino?
¿Porque están lacias tus cañas?
Es la frialdad de la playa vacía ya de marineros y restos de cachalotes.
Vuelven las redes a cuajarse de sueños perdidos
Vuelven las algas a tejer los antiguos caligramas
sobre tus dedos prodigios de amor y de caricias
Doncella de oscuros senos
de negros y undosos cabellos
retas al viento gregal con la canción de tus ojos.
Ya es de ámbar el difuso amanecer
ya la barca cabecea junto a mi sombra
ya tu pasión marinera se hace sangre de oficina
y reclama el silencio agasajado de las máquinas de escribir.
Vuelan en militar formación murciélagos trogloditas
que vienen a ofrecer sus lutos a los pulcros escribientes.
Es la ciudad en sus ansías de agonía
que recuerda su pasado junto al mar
¿Cómo las fuentes falaces pueden suplir madrugadas?
¿Cómo escaleras de vidrio alcanzarán mediodías?
Tan sólo el regreso enamorado del oscuro marinero
que trae como ofrenda sublime negra carga de cangrejos.
Añoranza de altas olas
Aquellas tus curvas pestañas
garfios acerados clavados en mi cerebro
aquellas tus pupilas glaucas
o el brillar esplendoroso de tus caderas
harán que flote de nuevo el galeón de mis sueños.
Ilust.: Pablo Picasso. “Figura a la orilla del mar.” 1930
¿Porqué tu gesto enmohecido?
¿Donde guardas tus desvelos?
¿Acaso la noche, la gran madre verdinegra, te escatima sus caricias...?
¿Porqué tu paso cansino?
¿Porque están lacias tus cañas?
Es la frialdad de la playa vacía ya de marineros y restos de cachalotes.
Vuelven las redes a cuajarse de sueños perdidos
Vuelven las algas a tejer los antiguos caligramas
sobre tus dedos prodigios de amor y de caricias
Doncella de oscuros senos
de negros y undosos cabellos
retas al viento gregal con la canción de tus ojos.
Ya es de ámbar el difuso amanecer
ya la barca cabecea junto a mi sombra
ya tu pasión marinera se hace sangre de oficina
y reclama el silencio agasajado de las máquinas de escribir.
Vuelan en militar formación murciélagos trogloditas
que vienen a ofrecer sus lutos a los pulcros escribientes.
Es la ciudad en sus ansías de agonía
que recuerda su pasado junto al mar
¿Cómo las fuentes falaces pueden suplir madrugadas?
¿Cómo escaleras de vidrio alcanzarán mediodías?
Tan sólo el regreso enamorado del oscuro marinero
que trae como ofrenda sublime negra carga de cangrejos.
Añoranza de altas olas
Aquellas tus curvas pestañas
garfios acerados clavados en mi cerebro
aquellas tus pupilas glaucas
o el brillar esplendoroso de tus caderas
harán que flote de nuevo el galeón de mis sueños.
Ilust.: Pablo Picasso. “Figura a la orilla del mar.” 1930
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