Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
¿DÓNDE QUIERES QUE VAYA?
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¿Dónde quieres que vaya?:
¿A flotar en el aire?,
¿a volar con el viento?,
¿a escuchar el acento,
de los trinos que abren,
las sutiles auroras;
allí donde el perfume aflora,
en esa vasta planicie,
donde las raíces,
de mil lirios la afirman;
y dos mil pensamientos,
más hermosos que el tuyo,
también la sustentan;
y no contenta con esto,
esa vasta planicie,
afirma sus cimientos,
en otras mil raíces,
de mil claveles sangrientos?.
¿O a escuchar los violines,
que templaron las nubes
y que llorando suben,
en la bóveda inmensa,
de un invierno soñado;
y que es el sonido helado,
que el viento del norte,
canta con tristeza,
con hermosa tristeza;
y me recuerda cuando,
de tu dulce grandeza,
su amor me era vedado?.
¡Oh, este dulce dolor,
que me da esta memoria
y que siempre está en mi historia¡
…Ésta, mi gloria soñada,
que el tiempo me ha guardado,
teniéndote siempre,
como a mi Dios:
en mi dulce cruz clavado.
¿O que vaya a hundirme,
en el fuego profundo,
sabio, inteligente,
de otros ojos pacientes,
claros como los tuyos?.
¿O que mi mano acaricie,
de otro cabello el perfume,
negro y de oro rizado,
que me recuerdan la nube,
con su capricho encrispado;
el bien de aquella nube,
que nutre con su llanto,
el bien de los campos,
el bien de los aires
y el bien de mi alma,
que me da este canto,
que en realidad no es canto?
¿O también quieres tal vez,
que encuentre otras nubes,
mas púrpuras y más sutiles,
que no se hallan en mil abriles;
haciéndole sombra suave,
a las aguas esmeralda;
en otras tardes soñadas,
otras tardes perfumadas,
como aquellas que la herencia,
de tu sublime presencia,
hacían aún más soñadas?.
¿O que oiga melodías,
de musas o de sirenas,
que iluminen el aire,
que enciendan corazones;
y en inefable virtud,
transporten a aquellas razones
y las priven de la salud;
de aquella robusta salud,
que dan los números y los plazos,
los deberes y los lazos,
de los senos maternales;
y rebeldes se emancipan,
de esas responsabilidades,
cayendo en estado de coma,
enfermas, enajenadas,
cuando suenan esas arpas
y cuando el amor asoma?.
¿O quieres también por último,
que en este mismo instante,
llegue la muerte anhelante
y me pida rendir cuentas;
y Dios me lleve luego
a su divina presencia ?.
Yo me rio de tus órdenes
y con risa dolorosa.
...¡Yo de aquí no me retiro¡.
Sin ti yo todo lo miro,
inútil, inservible cosa;
y que me perdone Dios,
que me absuelva su alma preciosa.
&&&&&&
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¿Dónde quieres que vaya?:
¿A flotar en el aire?,
¿a volar con el viento?,
¿a escuchar el acento,
de los trinos que abren,
las sutiles auroras;
allí donde el perfume aflora,
en esa vasta planicie,
donde las raíces,
de mil lirios la afirman;
y dos mil pensamientos,
más hermosos que el tuyo,
también la sustentan;
y no contenta con esto,
esa vasta planicie,
afirma sus cimientos,
en otras mil raíces,
de mil claveles sangrientos?.
¿O a escuchar los violines,
que templaron las nubes
y que llorando suben,
en la bóveda inmensa,
de un invierno soñado;
y que es el sonido helado,
que el viento del norte,
canta con tristeza,
con hermosa tristeza;
y me recuerda cuando,
de tu dulce grandeza,
su amor me era vedado?.
¡Oh, este dulce dolor,
que me da esta memoria
y que siempre está en mi historia¡
…Ésta, mi gloria soñada,
que el tiempo me ha guardado,
teniéndote siempre,
como a mi Dios:
en mi dulce cruz clavado.
¿O que vaya a hundirme,
en el fuego profundo,
sabio, inteligente,
de otros ojos pacientes,
claros como los tuyos?.
¿O que mi mano acaricie,
de otro cabello el perfume,
negro y de oro rizado,
que me recuerdan la nube,
con su capricho encrispado;
el bien de aquella nube,
que nutre con su llanto,
el bien de los campos,
el bien de los aires
y el bien de mi alma,
que me da este canto,
que en realidad no es canto?
¿O también quieres tal vez,
que encuentre otras nubes,
mas púrpuras y más sutiles,
que no se hallan en mil abriles;
haciéndole sombra suave,
a las aguas esmeralda;
en otras tardes soñadas,
otras tardes perfumadas,
como aquellas que la herencia,
de tu sublime presencia,
hacían aún más soñadas?.
¿O que oiga melodías,
de musas o de sirenas,
que iluminen el aire,
que enciendan corazones;
y en inefable virtud,
transporten a aquellas razones
y las priven de la salud;
de aquella robusta salud,
que dan los números y los plazos,
los deberes y los lazos,
de los senos maternales;
y rebeldes se emancipan,
de esas responsabilidades,
cayendo en estado de coma,
enfermas, enajenadas,
cuando suenan esas arpas
y cuando el amor asoma?.
¿O quieres también por último,
que en este mismo instante,
llegue la muerte anhelante
y me pida rendir cuentas;
y Dios me lleve luego
a su divina presencia ?.
Yo me rio de tus órdenes
y con risa dolorosa.
...¡Yo de aquí no me retiro¡.
Sin ti yo todo lo miro,
inútil, inservible cosa;
y que me perdone Dios,
que me absuelva su alma preciosa.
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