Ictiandro
Poeta adicto al portal
Hoy se acerca el mar,
atrapando una nube en el horizonte
trae la sombra a mis ojos cansados
y me interroga con cantos de sirena,
no concibe en sus aguas la tristeza.
Un mapa son mis huellas en la arena,
cada ola un suspiro que en manos queda.
¡Oh! mar, apártate de la tierra,
haz la distancia un simple transitar
por tus fronteras sumergidas.
El vuelo de gaviotas que regalas
no me basta para levantar la mirada,
necesito tu complicidad divina,
la naturaleza en pos de mi fantasía.
Dame una ruta, un simple destino,
una encrucijada que vencer furtivo,
al final mar, se halla un sueño vivo.
Regálame una noche sin tormenta,
un cielo limpio de incertidumbre
y una paz marina que abroche su alma.
Mar, piérdeme en tus profundidades
si de quedar sólo quedan heridas,
lávalas con tu sal y restaura mi sonrisa.
Pero ahora mar, más allá de romper
la línea milenaria de tus aguas
está el regalo del suspiro de saberla bien,
que en tu árbol mitológico
existe una esperanza de que el gris
no sea color en sus horas
y que abrigarás todo su cuerpo
del calendario brutal de un espanto.
Entonces mar, entrégale cera
de mi vela viva encendida,
que cada minuto acercándome a ella
será un siglo de amor vivido.
Seguiré con pies descalzos tu orilla,
no importa lo que el mundo diga,
si atrapo el sol con mis manos
o si seduzco la luna con mis versos.
Sólo quiero nadar en sus ojos,
besar cada pétalo de su rostro,
ser arena donde reposa su sombra,
el nombre en su alma de cada mañana.
atrapando una nube en el horizonte
trae la sombra a mis ojos cansados
y me interroga con cantos de sirena,
no concibe en sus aguas la tristeza.
Un mapa son mis huellas en la arena,
cada ola un suspiro que en manos queda.
¡Oh! mar, apártate de la tierra,
haz la distancia un simple transitar
por tus fronteras sumergidas.
El vuelo de gaviotas que regalas
no me basta para levantar la mirada,
necesito tu complicidad divina,
la naturaleza en pos de mi fantasía.
Dame una ruta, un simple destino,
una encrucijada que vencer furtivo,
al final mar, se halla un sueño vivo.
Regálame una noche sin tormenta,
un cielo limpio de incertidumbre
y una paz marina que abroche su alma.
Mar, piérdeme en tus profundidades
si de quedar sólo quedan heridas,
lávalas con tu sal y restaura mi sonrisa.
Pero ahora mar, más allá de romper
la línea milenaria de tus aguas
está el regalo del suspiro de saberla bien,
que en tu árbol mitológico
existe una esperanza de que el gris
no sea color en sus horas
y que abrigarás todo su cuerpo
del calendario brutal de un espanto.
Entonces mar, entrégale cera
de mi vela viva encendida,
que cada minuto acercándome a ella
será un siglo de amor vivido.
Seguiré con pies descalzos tu orilla,
no importa lo que el mundo diga,
si atrapo el sol con mis manos
o si seduzco la luna con mis versos.
Sólo quiero nadar en sus ojos,
besar cada pétalo de su rostro,
ser arena donde reposa su sombra,
el nombre en su alma de cada mañana.