[h=1]DOS CAFÉS, POR FAVOR
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Dos cafés, por favor, señores de la barra,
que uno sea negro y con leche el otro.
¿Entienden?
Que sea tan negro como carbón,
como nocturno apagado,
como esa ausencia que siento de su todo,
como esas sandalias que la hacían crecer
(por eso parecía más alta que yo).
Que el otro sea blanco como la nieve
esa que tocará sus zapatillas en el invierno,
esa que caerá sobre sus cejas
y la mirará durante aquellos tiempos sin mí.
¡Qué envidia! !Qué celos!
¡Qué! !qués!.. ¡halla la vida!.
Dos cafés, por favor, para aquella mesa,
allí donde el espejo dobla las imágenes,
donde dos sillas nos esperan.
Sí, cerca de esas piedras cristalinas
que adivinan nuestro futuro.
Dos cafés, por piedad,
que nunca sea uno, señores.
Dos cafés, por favor, señores de la barra,
que uno sea negro y con leche el otro.
¿Entienden?
Que sea tan negro como carbón,
como nocturno apagado,
como esa ausencia que siento de su todo,
como esas sandalias que la hacían crecer
(por eso parecía más alta que yo).
Que el otro sea blanco como la nieve
esa que tocará sus zapatillas en el invierno,
esa que caerá sobre sus cejas
y la mirará durante aquellos tiempos sin mí.
¡Qué envidia! !Qué celos!
¡Qué! !qués!.. ¡halla la vida!.
Dos cafés, por favor, para aquella mesa,
allí donde el espejo dobla las imágenes,
donde dos sillas nos esperan.
Sí, cerca de esas piedras cristalinas
que adivinan nuestro futuro.
Dos cafés, por piedad,
que nunca sea uno, señores.