PoetaJC
Poeta recién llegado
Sentado en mitad de la arena
juego con el tiempo entre mis dedos.
Dos risas blancas saltan por mis ojos,
bailan ante dos fuegos.
Sus piernas, sus manitas,
me miran... me acarician.
Y sin saber cómo, me siento montaña,
ola, mar, cielo y tierra.
Nada puede ser más hermoso
que sentir ese huracán de alegría en mi alma.
Nada puede ser más eterno
que sentirme el aliento de sus vidas.
El azúcar de sus bocas.
Nada puede ser más infinitamente perfecto
que su inagotable alegría.
Palabras sin silencios convertidas en juegos.
Sombras de goma agotando el espacio,
pintando estrellas en el viento,
burbujas en el cielo.
Corretean a través de mis versos.
Se esconden en medio de los besos.
Vuelan con alas de papel de sueños
y aterrizan en este folio, donde mis manos esperan.
Es hora de dormir…
Por eso, apuro mis palabras para cubrirles con un abrazo.
Para abrigarles con un deseo.
Que mañana pueda regalarles otro cuento.
J.C. Luzardo
juego con el tiempo entre mis dedos.
Dos risas blancas saltan por mis ojos,
bailan ante dos fuegos.
Sus piernas, sus manitas,
me miran... me acarician.
Y sin saber cómo, me siento montaña,
ola, mar, cielo y tierra.
Nada puede ser más hermoso
que sentir ese huracán de alegría en mi alma.
Nada puede ser más eterno
que sentirme el aliento de sus vidas.
El azúcar de sus bocas.
Nada puede ser más infinitamente perfecto
que su inagotable alegría.
Palabras sin silencios convertidas en juegos.
Sombras de goma agotando el espacio,
pintando estrellas en el viento,
burbujas en el cielo.
Corretean a través de mis versos.
Se esconden en medio de los besos.
Vuelan con alas de papel de sueños
y aterrizan en este folio, donde mis manos esperan.
Es hora de dormir…
Por eso, apuro mis palabras para cubrirles con un abrazo.
Para abrigarles con un deseo.
Que mañana pueda regalarles otro cuento.
J.C. Luzardo